Fue detenido en virtud de las investigaciones subsiguientes al asesinato en Barcelona de un General del Ejército español, Briz Armengol, y del soldado de escolta Marcos Vidal Pinar -que acompañaba a este General el día 2 de septiembre en Barcelona- por los GRAPO. José España es buscado y detenido, supuestamente por un soplo de un detenido en Barcelona por el atentado. Se le aplica la ley antiterrorista. Al día siguiente, al intentar verle sus familiares, les dicen que está incomunicado.
El sábado día 6, a las tres de la tarde, tres agentes de Policía se presentan en casa de los padres de José, les piden las llaves de una casa que estaba deshabitada, para efectuar en ella un registro. “Ha declarado que tiene allí una máquina de escribir y propaganda”, dice uno de los agentes. En esa casa se encuentra, una máquina de escribir. José había declarado a la Policía algo que evidentemente le perjudica.
El mismo día 6, a las 18,50 horas, el dirigente vecinal alcalaíno pasa a la sala de interrogatorios de la Brigada de Información para ser interrogado. A las 19,05 horas sufre un desvanecimiento. Se le reconoce por el médico de la Dirección de Seguridad y, según el parte facilitado, padece pérdida de consciencia, miosis, frialdad de miembros con acrocianosis. Los tonos cardíacos eran normales. Instantes después se le apreció un leve estertor y a continuación ausencia total de tonos cardíacos. Se le intenta reanimar, pero no responde a esos esfuerzos y es trasladado al Hospital Francisco Franco, donde ingresa ya cadáver.
No se aprecian en él heridas ni signos de violencia externa. Tiene la cara y el cuerpo azulados, pero parece ser un síntoma de la muerte que se produce siempre como consecuencia de esos hechos.
El domingo día 7 se realiza la autopsia. Según la prensa, y también manifestaciones del propio forense a la familia de José, la muerte ha sido producida como consecuencia de un fallo cardíaco, provocado, a su vez, por un quiste hidatídico, de 30 centímetros casi, o "como un melón", dice el forense, que ocupaba los dos tercios del hígado, e incluso parece que añade el forense: “No sé cómo podía vivir con eso dentro del cuerpo”.
Los familiares de España Vivas discrepan en cuanto a las causas que pudieron determinar la muerte del detenido. Su familia, su mujer no había observado en su marido nada anormal, no había notado ningún síntoma. En los tres últimos años que llevaba trabajando en una empresa, no había faltado un solo día a consecuencia de enfermedad. No había notado ningún dolor, no le han observado ningún bulto visible.
El lunes 8 de septiembre se presenta un querella por presuntas torturas. El martes 9 septiembre un grupo de vecinos se dirige al Ayuntamiento para pedir que actúe el Alcalde. El entierro se celebra el miercoles 10. Unas 500 personas acuden al entierro en el Cementerio de Alcalá.
El 11 de septiembre, en una pregunta de una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados, el diputado del PCE Simón Sánchez Montero, preguntando sobre la muerte de España Vivas declara:
“Según varios médicos, cuya opinión he consultado, es posible, efectivamente, un quiste de ese tamaño. Incluso puede no causar enfermedad o molestia muy grande, aunque es casi imposible que no cause alguna molestia. Pero, sobre todo, un quiste de ese tamaño en el hígado -coinciden varios médicos, tiene casi forzosamente que notarse con que se vea simplemente al que lo tiene desnudo de la cintura para arriba. Y aquí surgen preguntas: ¿Cómo fue examinado José España Vivas al ingresar en el edificio de la ‘Puerta del Sol? ¿Cuál fue el resultado del examen? ¿Qué servicio hay montado para asegurar que ese examen se realiza en condiciones y, con más razón, si, como se ha dicho en la Prensa, José España Vivas tenía un aspecto de hombre débil, enfermo?. Por otro lado, los médicos dicen también que un quiste de esa naturaleza puede romperse espontáneamente. Un quiste hidatídico puede romperse también a consecuencia de uno o varios golpes y sin necesidad de que esos golpes dejen herida ni seña de que se ha ejercido violencia sobre el enfermo. Desgraciadamente, en eso hay también una técnica desarrollada. Hay un proceso que parece haber originado la muerte de José España Vivas: rotura de un quiste y, a consecuencia de él, paro cardíaco, y, a consecuencia de este paro cardíaco, la muerte. Pero ¿qué fue lo que desencadenó ese proceso? Ahí está la cuestión”.
El ministro del interior, Juan José Rosón, de UCD en la misma sesión parlamentaria:
“El detenido, fue examinado por los servicios médicos de la propia Dirección General de Seguridad y no presentaba lesión ninguna de tipo traumático ni tenía ninguna enfermedad. Y la discreta lesionología externa que apareció en el cadáver corresponde en su totalidad a la caída póstuma, al traslado y a las maniobras reanimatorias aplicadas”.
Rosón afirmó que la muerte había sido natural, por insuficiencia cardíaca aguda y quedaba descartada totalmente cualquier violencia traumática.
Lo que no cuadra en la declaración oficial es el hecho de que el quiste no hubiera sido roto. Porque eso explicaría la muerte instantánea o casi instantánea. Si además no existe, aparentemente, lesión que justifique esa insuficiencia cardiaca, entonces subsisten las dudas.
La familia exige la verdad porque en un primer momento se justificó la muerte “por insuficiencia cardiaca”, y luego “por insuficiencia hepática”.
España Vivas fue una más de las víctimas policiales durante ese año en que ya en febrero fue asesinada Yolanda González y un militante anarquista, y en mayo hubo dos asesinatos, uno de ellos el del dirigente vecinal Eduardo Parejo.
Aún en 1990 apareció en El País una carta al director de su familia recordando que José España Vivas no pertenecía a los GRAPO.
06 DE SEPTIEMBRE.
BILBAO (VIZCAYA)
Luis Quintana Monasterio (46 años). La indignante versión oficial habló de un enfrentamiento entre un policía nacional de paisano y unos delincuentes comunes. Todos los testigos presenciales la desmintieron.
Según ellos, los hechos fueron éstos: un joven, de unos 23 años, abofeteó a una mujer mayor del barrio, frente al bar Corinto. Varios jóvenes le recriminaron. El joven de paisano, que resultó ser policía, les pidió la documentación; ellos le contestaron que antes se identificara con su placa de policía. En lugar de hacerlo, propinó varios golpes y puso una pistola en el cuello a una chica que estaba entre los que le increpaban. La gente trató de detenerle pero él realizó un disparo al aire y comenzó a gritar “os mato a todos”. Salió huyendo por la calle La Laguna disparando a la gente que trataba de acercarse a él para reducirle.
Luis Quintana resultó muerto de un disparo en el pecho.
La versión policial señala que a las 4.40 horas de la madrugada se produjo en la calle de La Laguna una reyerta entre un policía nacional, de paisano, y cuatro individuos. Un vecino, según las fuentes policiales, avisó al 091, dando cuenta de que un hombre estaba siendo brutalmente agredido por cuatro personas. Afirmaba el relato policial que el mismo comunicante informó que el agredido esgrimía una pistola, con la que efectuó un primer disparo intimidatorio, "que enardeció aún más a uno de los agresores, que sacó una navaja, en cuyo momento el que iba armado efectuó varios disparos". El hombre armado resultó ser un policía nacional, cuya identidad no ha sido facilitada, y del que se sabe únicamente que está destinado en la cuarta compañía, de guarnición en Bilbao.
La persona muerta fue identificada como Luis Quintana Monasterio, de 46 años de edad, natural de Santa María de Ribarredonda (Burgos), casado y domiciliado en Baracaldo. Presentaba un impacto de bala en el hemitórax izquierdo.
Los heridos, a los que la versión policial imputa antecedentes penales, son: Manuel María Urbizu Ortuzar, de veintiséis años, de profesión montador, domiciliado en Basauri (Vizcaya), con herida de bala en sedal, en el hombro izquierdo (pronóstico grave); Rafael Carrasco González, de veinticinco años, domiciliado en el barrio bilbaíno de Otxarkoaga, con herida de bala en el costado izquierdo (grave), y Juan Diego Bernardo Mogado, de veinticuatro años, domiciliado en el mismo barrio, herido en la pierna derecha, con fractura de tibia (menos grave). Todos los heridos evolucionaron favorablemente y llegaron a encontrarse, bajo custodia de la Policía, a disposición judicial.
La versión policial indica igualmente que el policía nacional, autor de los disparos, fue ingresado en el Hospital Civil de Bilbao, con múltiples contusiones y hematomas.
Versiones contrarias a la oficial
Los testigos del suceso coincidían en una versión bastante clara y muy distinta a la ofrecida por la policía. El propietario del bar Las Vegas, de la calle de La Laguna, relató así a nuestro periódico, en presencia de otros testigos, que iban aportando de forma espontánea datos sobre la marcha, la película de los hechos, que él contempló desde el comienzo:
"Sentí voces cerca del bar y salí a ver lo que sucedía. En el cruce de las calles de La Laguna y de Las Cortes, a la altura del bar Corinto, un joven, como de unos veintitrés años, de paisano -entonces no sabía que era policía-, discutía acaloradamente con una mujer mayor del barrio, que está en la profesión desde hace muchos años y a la que abofeteó. Varios jóvenes, entre ellos una chica, se arremolinaron, y aquélla le increpó su acción. 'No le pegue usted, ¿no ve que es una mujer mayor?', le dijo aquélla. Discutieron, y el policía le pidió la documentación, y ella, a su vez, le exigió que le enseñara la placa de policía. Este le dio a aquélla varios tortazos, y en un momento determinado sacó una pistola y se la puso en el cuello".
"Al ver que varias personas se acercaban a él recriminándole, el policía hizo un disparo al aire, hacia arriba. La gente le quería detener, pero él, que llevaba la chamarra enrollada en la muñeca y el brazo, sosteniendo la pistola, gritaba "Os mato a todos", impidiendo que se le acercaran. Luego salió huyendo por la calle de La Laguna haciendo disparos hacia la gente que trataba de acercarse a él para reducirle. Las personas que estaban en los alrededores corrían a esconderse en las esquinas. Por la calle de La Laguna se dirigió hacia la plaza de La Cantera y desde allí disparaba a las personas que le seguían, hiriendo a varias. El muerto, cliente de este bar, también fue herido y murió allí".
Cuando se le acabaron las balas de la pistola (todos los testigos coinciden en afirmar que escucharon entre siete y nueve disparos), el policía trató de escaparse, y un muchacho impedido le interceptó y luego varias personas, le ayudaron a retenerle en el suelo, donde recibió golpes.
Testigos presenciales relataron que posteriormente la Policía realizó una inspección del lugar para buscar los casquillos de munición y la pistola del policía, que en el tumulto le había sido sustraída.
"Pasadas las seis de la mañana", afirma el propietarlo del bar Las Vegas, "hora en que, está permitida la apertura de locales, se presentó aquí la Policía y nos pusieron a todos contra la pared y nos cachearon. Creo que estaban buscando la pistola".
Clientes, camareras y empleados de los bares de la zona conocían a la víctima del incidente, Luis Quintana Monasterio, al que consideraban una "buena persona, que no era pendenciero ni se metía con nadie". Las personas de la zona que le conocían afirman que había sido jugador de fútbol del equipo Baracaldo, localidad donde residía y donde, al parecer, regentaba dos bares. "Hace veinte años que le conocemos, y eso que dice la Policía de que era delincuente común, nada", declaraba una camarera del bar Las Vegas.
Las muestras de malestar y de indignación en el barrio de Las Cenes, de Bilbao, por el incidente fueron notables. Varias fueron las personas que de manera espontánea se acercaron a los informadores para repetir: "Estamos hartos de que vengan aquí con sus pistolas cometiendo abusos y provocando incidentes. Hay que acabar con esta situación".
07 DE SEPTIEMBRE.
HERNANI (GUIPÚZCOA)
Miguel María Arbelaiz Echevarría y Luis María Elizondo Arrieta (33 y 32 años, respectivamente). Simpatizantes de Herri Batasuna. Acudieron juntos a la despedida de soltero de un amigo. Ya de madrugada regresaban a su domicilio cuando fueron tiroteados. Según confirmó la autopsia, fueron rematados en el suelo con varios disparos de pistola. Los asesinatos fueron reivindicados por el Batallón Vasco Español.
El asesinato tuvo lugar cuando Arbelaiz y Elizondo habían asistido a una cena que se celebraba como despedida de soltero de un amigo común. Ya sobre las once de la noche del sábado 6 de septiembre, se produjo un incidente, aunque se desconoce la relación que pueda guardar con los hechos posteriores, al aparecer pinchadas las cuatro ruedas del automóvil de un miembro de la cuadrilla de amigos de la que formaban parte.
La pareja siguió tomando copas hasta bien entrada la madrugada. Al disolverse el grupo, Elizondo y Arbelaiz se dirigieron juntos hacia sus respectivos domicilios. Cuando se encontraban a unos cien metros de su destino fueron tiroteados por miembros del Batallón Vasco Español -al menos, dos-, ya que se encontró más tarde munición de dos marcas diferentes.
Vecinos de algunas casas próximas a la cuesta de Balanchas, donde ocurrieron los hechos, precisaron que después de cierto tiempo pudieron escuchar otras dos detonaciones, lo que hizo pensar que las víctimas fueron rematadas en el suelo. La autopsia permitió confirmar este extremo.
Los cadáveres fueron encontrados por un grupo de jóvenes que pasaron por el lugar, quienes pidieron auxilio en un portal próximo. Desde allí, un matrimonio telefoneó a la Policía Municipal. En el lugar pudieron localizarse cuatro casquillos de bala, calibre 7,64, de marcas diferentes: FN y Santa Bárbara. La capilla ardiente quedó instalada en el salón de plenos del Ayuntamiento de Hernani.
Por la tarde se celebró en Hernani una asamblea, a la que asistieron varios miles de personas, en la que se convocó la huelga en la localidad para el día siguiente, lunes 8 de septiembre, y se decidió ampliar el llamamiento a toda Gipuzkoa para el martes 9 de septiembre. Tras la asamblea, una manifestación de protesta recorrió las calles de Hernani.
En una nota difundida también a última hora de la tarde del domingo 7 de septiembre, el Ayuntamiento de Hernani denunció el atentado y protestó por la actuación de la Guardia Civil, cuyo cuartel se encuentra a menos de quinientos metros del lugar del atentado, a pesar de lo cual, según fuentes municipales, sus efectivos no hicieron acto de presencia hasta una hora después, ni colocaron controles de carreteras hasta la tarde.
Al día siguiente del atentado contra Miguel María Arbelaiz, el lunes 8 de septiembre de 1980, una huelga general paralizó las actividades normales de la localidad guipuzcoana de Hernani, como protesta por el atentado que costó la vida, a Miguel María Arbelaiz, trabajador afiliado al sindicato abertzale Asamblea de Trabajadores Patriotas (LAB), y a Luis María Elizondo, empleado en una carnicería. Contaban 33 y 32 años, respectivamente, y los dos eran simpatizantes de la coalición independentista Herri Batasuna (HB). El funeral se celebró a las seis de la tarde de ese mismo día, con asistencia multitudinaria.
El Ayuntamiento de Hernani pide el esclarecimiento del atentado
Durante un pleno celebrado el lunes 8 de septiembre por la mañana, el ayuntamiento aprobó por mayoría, con los votos favorables de Herri Batasuna (HB), Partido Nacionalista Vasco (PNV) y Euskadiko Ezkerra (EE), una moción en la que exigía el esclarecimiento de los hechos y el castigo de los responsables. La moción hacía referencia también a la muerte de varias personas en los últimos días, por disparos de las fuerzas del orden o atentados de la extrema derecha, y exigía la retirada de la Policía del País Vasco.
Los concejales del Partido Socialista de Euskadi, que se abstuvieron -al no conseguir ciertas matizaciones del texto-, difundieron, por su parte, una nota en la que señalaban la tristeza e impotencia popular, y pedían "que esta locura acabe de una vez", precisando que sólo el pueblo puede terminar con la situación actual.
Manifestación en San Sebastián
Diversas manifestaciones de protesta tuvieron lugar el domingo 7 de septiembre en Gipuzkoa. Al término de la regata de traineras de la Concha, un grupo de personas se hizo con el control del servicio de megafonía, invitando a los presentes a sumarse a una manifestación. La Policía Nacional, con amplio despliegue de efectivos, trató de impedir que los manifestantes avanzaran desde el Ayuntamiento, donde se habían reunido con un grupo de personalidades de HB encerrado desde el sábado (6 de septiembre) para protestar por la detención de José Antonio Urbiola. Se produjeron choques en varias calles céntricas, cruzando los manifestantes automóviles y autobuses para dificultar el paso de los vehículos policiales. En el curso de los incidentes fue herido el niño Julen Vadillo, de once años, que se encontraba en la playa, al recibir el impacto de una pelota de goma de las que usa la Policía. Un joven fue detenido durante los incidentes.
En Rentería, después de una asamblea, los manifestantes cortaron el tráfico en la carretera N-I, de Madrid a Irún, y colocaron obstáculos en las vías ferroviarias. La Policía Nacional intervino con tanquetas.
Paros y barricadas en diversas localidades de Gipuzkoa
El 9 de septiembre, se llevó a cabo en Gipuzkoa una huelga general que había sido convocada por diversas fuerzas políticas y sindicales de izquierda radical, como protesta por el atentado contra Miguel Arbelaiz y Luis Elizondo, que tuvo una incidencia desigual, según las localidades.
Los principales focos del paro fueron Hernani y la comarca del Goiherri, Rentería y Pasajes, cuyo puerto quedó paralizado. A lo largo de la jornada se produjeron numerosos incidentes, como el corte de algunas de las principales carreteras y de la vía férrea que comunica Madrid con Francia, así como enfrentamientos entre piquetes de huelguistas y la Policía Nacional.
La huelga contaba con el apoyo de Herri Batasuna (HB), coalición con la que simpatizaban Elizondo y Arbelaiz. En cambio, Euskadiko Ezkerra (EE) se mantuvo al margen de la convocatoria, y el Partido Nacionalista Vasco (PNV) había pedido a la población que no secundara los paros, en atención a la crisis económica que atravesaba el País Vasco.
La huelga paralizó, desde primera hora de la mañana, la actividad laboral en Hernani, Rentería y Pasajes. En la comarca del Goiherri, el paro afectó a fábricas y talleres, apenas sin otra excepción que la factoría de Kas, en Beasain, donde los partidarios de iniciar el trabajo con normalidad ganaron la votación por estrecho margen. En las localidades citadas, muchos comercios y bares no abrieron sus puertas, y sólo las tiendas de alimentación atendieron al público durante unas horas, para sumarse después a la huelga.
En San Sebastián, la actividad laboral se desarrolló con relativa normalidad durante la mañana. El servicio de autobuses urbanos quedó interrumpido durante todo el día. La decisión fue adoptada por la empresa, al ser interceptado por un piquete e incendiado uno de los vehículos, poco después de abandonar las cocheras. Una manifestación de varios centenares de personas recorrió por la mañana las calles céntricas de la ciudad, protestando por el atentado de Hernani. Algunos piquetes recorrieron los barrios, provocando el cierre de bares y comercios, que por la tarde no abrieron sus puertas en la mayoría de los casos.
Desde la mañana, se registraron incidentes en las carreteras y en la vía férrea. Algunos piquetes cruzaron camiones y formaron barricadas en la carretera N-I, Madrid-Irún, en Rentería y Lasarte, entre otros puntos, cortando el tráfico. Los automóviles que penetraban por los pasos fronterizos fueron desviados por Endarlaza hacia Navarra. A primera hora de la mañana, varios encapuchados conminaron al jefe de la estación de Renfe de Irún a que cortara el tráfico, indicando que existían obstáculos en las vías. Aunque se pudo comprobar que este extremo no era cierto, poco más tarde los piquetes formaron una barricada sobre las vías, a la altura de Rentería. El tráfico quedó interrumpido, primero entre Irún y San Sebastián, y, más tarde, a consecuencia de nuevas barricadas, hasta Villafranca de Ordizia.
A media tarde, una decena de trenes de largo recorrido, con destino a Vigo, Algeciras, Lisboa y Madrid, entre otros puntos, se encontraban bloqueados en Irún. Los viajeros procedentes de Madrid debieron abandonar los convoyes, en muchos casos, en estaciones anteriores a la capital guipuzcoana, y otros se vieron obligados a esperar el despeje de las vías hasta última hora de la tarde. La incidencia de la huelga fue menor en el resto de Gipuzkoa. En poblaciones como Eibar, estimaciones sindicales cifraban en menos del 50% la anormalidad laboral.
También, los trabajadores de los periódicos El Diario Vasco y Egin decidieron sumarse a la huelga y el 10 de septiembre no se publicaron estos rotativos.
Herri Batasuna propone formar comités de defensa
Miembros de
Herri Batasuna, entre los que figuraban
Jokin Gorostidi y
Francisco Letamendía, pidieron el 9 de septiembre de 1980, en
rueda de Prensa celebrada en Hernani, que todo el pueblo se disponga a utilizar las armas para defenderse de las agresiones. Asimismo,
acusaron al Gobierno de "estar implicado en los actos que están realizándose actualmente", y propusieron la creación de
"comités de defensa", porque
"está claro que de las instituciones oficiales no sólo no recibimos defensa, sino que nos llega la represión".