martes, 7 de agosto de 2018

LOS BOMBARDEOS DE HIROSHIMA Y NAGASAKI 73 AÑOS DESPUÉS.

“Después de tirar la bomba, me sentí exactamente igual que como lo hago ahora, excepto que ese día no había bebido tanto café como hoy”, bromeaba Tibbets en una entrevista de 1995.
“Después de tirar la bomba, me sentí exactamente igual que como lo hago ahora, excepto que ese día no había bebido tanto café como hoy”, bromeaba Tibbets en una entrevista de 1995...

LOS BOMBARDEOS DE HIROSHIMA Y NAGASAKI 73 AÑOS DESPUÉS.

QUÉ REVELAN LAS GRABACIONES PERDIDAS DEL PILOTO QUE TIRÓ LA BOMBA SOBRE HIROSHIMA.

Hiroshima recordó, este lunes 6 de agosto, el ataque nuclear que sufrió hace 73 años con una conmemoración en la que las autoridades de la ciudad alertaron sobre los nuevas tensiones nucleares globales y los riesgos de que la tragedia sufrida en 1945 pueda repetirse.

"Cuando la humanidad deja de ver la realidad y se olvida de la historia puede repetir un terrible error", afirmó el alcalde de Hiroshima, Kazumi Matsui, en los actos que se desarrollaron (...) en esa ciudad del oeste de Japón.

A las 8.15 hora local (23.15 GMT) del 6 de agosto de 1945 una bomba de uranio, "Little Boy", fue arrojada por un bombardero B-29 estadounidense, y tres días después un segundo artefacto destruyó la ciudad de Nagasaki.

Las bombas nucleares que fueron lanzadas en Hiroshima y Nagasaki convirtieron a Japón en la única nación que ha sido atacada con armas atómicas, y forzaron poco después la capitulación del país en la II Guerra Mundial.

El alcalde de Hiroshima dijo que hay más de 14.000 armas nucleares en el mundo y destacó que éste ha vivido en los últimos meses un rebrote del nacionalismo y nuevas tensiones nucleares que recuerdan las que había durante la Guerra Fría.

Órdenes para el ataque de Enola Gay en Hiroshima.
Órdenes para el ataque de Enola Gay en Hiroshima..
Por ello, Matsui destacó la importancia del tratado para prohibir las armas nucleares adoptado por la Asamblea General de la ONU el 7 de julio de 2017, pero que no ha sido ratificado por las potencias atómicas, ni tampoco por Japón.

Ese tratado fue descrito como un "hito histórico" por el alcalde de Hiroshima, quien ensalzó los esfuerzos para acabar con los tensiones generadas por las pruebas atómicas y balísticas de Corea del Norte. "Esperamos que la paz en la península coreana se consiga a través del diálogo", agregó Matsui.

La bomba de Hiroshima causó unos 140.000 muertos el mismo día y en las fechas posteriores. Actualmente hay más de 150.000 supervivientes a ese ataque, con una edad media de 82 años.

En el acto, que incluyó un momento de silencio a la misma hora en la que cayó la bomba en Hiroshima hace 73 años, el primer ministro japonés, Shinzo Abe, pidió redoblar los esfuerzos globales para conseguir un mundo sin armas atómicas.

"No se debe repetir lo que pasó en Hiroshima y Nagasaki", afirmó Abe. "Como único país que sufrió la bomba atómica, nosotros tenemos la misión de llegar a un mundo sin armas nucleares", agregó.

"Por eso -dijo- vamos a promover que se transmitan estas experiencias a los jóvenes". En la ceremonia, en el Parque de la Paz de Hiroshima, con la participación de representantes diplomáticos de 85 países, Abe defendió los tres principios que propugna Japón en cuanto a armas nucleares (no poseerlas, no producirlas ni comprarlas). También ofreció los buenos oficios de Japón para servir de puente entre los países con arsenal atómico y los que no lo poseen.

La conmemoración (...) se trasladará el jueves próximo a Nagasaki, donde está previsto que, entre otras personalidades, participe el Secretario General de la ONU, António Guterres, quien llegará a Japón este martes.

En un mensaje de Guterres con motivo del aniversario de la bomba que destruyó Hiroshima, el Secretario General de la ONU dijo que lo que ocurrió hace 73 años "no puede ni debe ocurrir de nuevo".

"El legado de Hirosima es el de la resiliencia", agregó el diplomático portugués en el mensaje dirigido al pueblo de Hiroshima y leído durante la ceremonia (...) en esta ciudad japonesa.

"Ustedes, el pueblo de Hiroshima, no sólo son valientes supervivientes de una bomba atómica, sino también valientes activistas en favor de la paz y la reconciliación", agregó.

El Secretario General de la ONU también destacó que están creciendo las tensiones entre países con armas atómicas. "Los arsenales atómicos están siendo modernizados, y en algunos casos, expandidos", advirtió.

Parte superior: Hiroshima (izquierda) y Nagasaki (derecha) arrasadas tras los lanzamientos de las bombas "Litle Boy" y "Fat Man" respectivamente. Parte inferior: una de las víctimas quemadas de Hiroshima.
Parte superior: Hiroshima (izquierda) y Nagasaki (derecha) arrasadas tras los lanzamientos de las bombas "Litle Boy" y "Fat Man" respectivamente. Parte inferior: una de las víctimas quemadas de Hiroshima.
Guterres estará presente el jueves en Nagasaki, pero la víspera se reunirá en Tokio con Abe y con el ministro de Exteriores nipón, Taro Kono, según anunció la semana pasada Naciones Unidas.


¿QUÉ REVELAN LAS GRABACIONES PERDIDAS DEL PILOTO QUE TIRÓ LA BOMBA SOBRE HIROSHIMA?

Se creían perdidas desde hace 40 años, pero el año pasado se encontraron en el piso de un japonés. Gracias a ellas, podemos saber cómo se vivió el ataque a bordo del Enola Gay.

El 6 de agosto de 1945, el comandante Paul Tibbets montó a bordo del Enola Gay, un bombardero Boeing B-29 Superfortress de las Fuerzas Áreas del Ejército de Estados Unidos que portaba en sus entrañas a Little Boy, la primera bomba atómica utilizada contra la población civil, que fue detonada a las 08:15 de la mañana. El avión llevaba el nombre de soltera de su madre, Enola Gay Haggard Tibbets. Más de 140.000 japoneses perderían su vida, y otros tantos arrastrarían secuelas durante toda su vida, hasta el día de hoy. Este verano, se ha cumplido el 73 aniversario de los bombardeos sobre Hiroshima y Nagasaki, con una sorpresa: la recuperación, décadas después, de las cintas con las entrevistas a Tibbets realizadas después del bombardeo.


Las grabaciones en cintas de los testimonios del piloto de Enola Gay Paul Tibbets y otros se muestran en el Museo Conmemorativo de la Paz de Hiroshima.
Las grabaciones en cintas de los testimonios del piloto de Enola Gay Paul Tibbets y otros se muestran en el Museo Conmemorativo de la Paz de Hiroshima.


“Vi el resplandor. Y lo saboreé. Sí, se podía saborear. Sabía a plomo, explica en una de las grabaciones, que se creían perdidas para siempre. “Era por el empaste de mis dientes. O sea, que así es la radiación. Sentí ese sabor a plomo en mi boca y fue un gran alivio: supe que había explotado”. Durante 40 años, se pensó que las grabaciones se habían perdido para siempre. Sin embargo, el pasado año se encontraron entre las posesiones de un japonés anónimo, y fueron donadas por su familia al Museo Memorial de la Paz de Hiroshima.

Las cintas permiten conocer un poco mejor qué ocurrió dentro de la aeronave y cuáles eran los sentimientos del piloto. Por ejemplo, revelan que la misión era completamente secreta, así que sus superiores le habían proporcionado una pistola y cápsulas llenas de cianuro para acabar con sus vidas en caso de que el avión fuese derribado. Paradójicamente, la sacudida que experimentó el avión al retirarse del lugar fue tranquilizadora, ya que era la confirmación de que el trabajo se había llevado a cabo. “Imagínate estar dentro de un edificio de latón y que alguien te golpease con un martillo, así era el efecto de sonido”, explicaba Tibbets.

Se trata de 27 cintas que abarcan 30 horas de grabaciones, transcritas a lo largo de 570 páginas, y que aunque aún no están disponibles para el público, es probable que pronto sean de libre acceso. Probablemente se trate de una copia de las grabaciones que recibieron los historiadores británicos Gordon Thomas y Max Morgan-Witts para escribir 'Enola Gay: Mission to Hiroshima' a finales de los años setenta. También contiene los testimonios de Jacob Beser, teniente que se encontraba a bordo del Enola Gay, y de Thomas Ferebee, el bombardero que pulsó el botón que arrojó la bomba sobre la ciudad. Como ha manifestado el responsable del museo, Ryo Koyama, los testimonios son de “gran valor histórico”.


¿Qué clase de remordimiento?

Puede parecer sorprendente que lo que Tibbets experimentase después de contribuir directamente a acabar con cientos de miles de vidas fuese alivio, pero se encuentra en consonancia con las opiniones que mantuvo hasta su muerte, el 1 de noviembre de 2007, a los 92 años. Lo expone de forma detallada un artículo publicado por el historiador Peter J. Kuznick en la revista académica 'The Asia-Pacific Journal' y titulado de forma elocuente "Defendiendo lo indefendible: una reflexión sobre la vida de Paul Tibbets", que pasó “los últimos 62 años de su vida defendiendo el bombardeo atómico.

A pesar de los retratos que lo describen como un hombre bueno, que reflexionaba a menudo sobre su actuación a bordo del Enola Gay, Kuznick cita a muchos de sus compañeros, que pusieron de relieve que a lo largo de su vida siempre se había ceñido a la versión oficial de 1945. Su trabajo revela algunos detalles del vuelo. Por ejemplo, que Tibbets disponía de una docena de pastillas con cianuro para repartir entre los miembros de la tripulación en caso de que el avión fuese derribado; que la información de la que disponían era tremendamente limitada, para evitar ninguna filtración en caso de ser capturados; además, Tibbets tenía la orden expresa de disparar a todo aquel compañero que, llegado el momento, se negase a tragar la cápsula.

Tibbets y el contraalmirante William Parsons eran los únicos que sabían que se trataba de una bomba atómica, y la información que dieron al resto de la tripulación de los siete aviones de la flota fue ambigua. “La bomba que vais a arrojar es algo nuevo en la historia de la guerra”, les comunicaron. “Será el arma más destructiva jamás diseñada. Creemos que acabará con todo en un área de tres millas [alrededor de 1,6 kilómetros], quizá más, quizá menos”. Además, añadieron que la misión era tremendamente importante porque permitiría acortar la duración de la guerra en seis meses. “Mañana, el mundo sabrá que el 509 ayudó a acabar con la guerra”, afirmó exultante Tibbets. Y, como observó en sus diarios Abe Spitfzer, parecía creerlo firmemente.

Tibbets y el Enola Gay. “Estaba satisfecho de haber cumplido mi misión. No tenía ninguna emoción entonces, y no la he tenido nunca, solo puedo decirte que la guerra es el infierno. Lo sé. La he vivido. Si esperas sacarme una expresión de emoción, no lo conseguirás. Soy frío”.
Tibbets y el Enola Gay. “Estaba satisfecho de haber cumplido mi misión. No tenía ninguna emoción entonces, y no la he tenido nunca, solo puedo decirte que la guerra es el infierno. Lo sé. La he vivido. Si esperas sacarme una expresión de emoción, no lo conseguirás. Soy frío”...
“Tibbets se sentó en la cabina del avión, sonriendo y saludando a aquellos que estaban registrando el evento para la posteridad”, escribe el historiador, que recoge las palabras de un testigo: “El lugar parecía Hollywood. “No tenía nervios, le decía la gente que me habían inyectado confianza en el culo, explicó Tibbets en otra entrevista. Un sentimiento que se contagió a otros miembros de la tripulación, como el neoyorquino Robert Lewis, que partió hacia Hiroshima con un par de preservativos en el bolsillo, pensando en la fiesta de después, y que mostró a Tibbets cuando este le entregó la pastilla de cianuro. Un gesto que no le hizo la menor gracia.

A las 02:45, el avión despegó, sobrevoló Iwo Jima y, una vez tuvo confirmación de que el tiempo era propicio, se dirigió hacia Hiroshima. Fue entonces, durante el vuelo, cuando se comunicó al resto de la tripulación que se trataba de una bomba atómica. Mientras llegaban al objetivo, se entretuvieron jugando a acertar con unas naranjas en la cabeza de uno de los militares dormidos. Llegaron 17 segundos por detrás de la hora prevista, ante sus ojos apareció el puente de Aioi y Ferebee pulsó el botón mientras gritaba ¡bomba va!. Tibbets anunció lo siguiente: “Amigos, han arrojado la primera bomba atómica de la historia”, y ejecutó la maniobra de huida que llevaba meses ensayando. El resto es triste historia.


¿Qué pasó después?

“Cuidad vuestros mensajes, no digáis tacos, fue el aviso que Tibbets dio al resto de compañeros antes de partir, recordándoles que todo lo que dijesen iba a ser grabado. Ferebee recordó, tiempo después, que “no hay palabras para describir lo brillante que era la luz”. Años más tarde, en otra entrevista, añadió: “La ciudad entera estaba cubierta con una nube en forma de champiñón. Mientras se formaba el tallo, podías ver trozos de casas absorbidos por esta, trozos de cosas volando por el aire. No podías ver a la gente, no a la altura que estábamos”. Lewis, el piloto con su preservativo en el bolsillo, añadió que “podías ver una ciudad bien grande, y entonces se esfumaba. Simplemente no estaba”.

¿Cómo reaccionó Tibbets? En una entrevista de 2002, le dijo al célebre presentador Studs Terkel: “No tengo ningún problema con ello. Sé que hicimos lo correcto”. Su motivación era pensar que ese acto, por salvaje que pudiese parecer, iba a detener la guerra y, con ello, iba a salvar la vida de millones de personas. Como manifestó en otra ocasión, “el objetivo era detener la lucha, lo que nos permitiría ahorrar la pérdida de vidas en ambos bandos”. En alguna ocasión, Tibbets llegó a reconocer que algunos japoneses le habían agradecido lo que hizo, porque una hipotética invasión del territorio nipón habría sido mucho más violenta y traumática, y la bomba impidió que se llegase a ese punto.

Muchos de los tripulantes del Enola Gay y el resto de la flota, no obstante, siguieron teniendo pesadillas. Spitzer, por ejemplo, cayó en la bebida, al ser incapaz de librarse de la imagen de lo que había visto: “Aun así, no podía dormir. Seguía desvelándose con las imágenes de Hiroshima con sus árboles, el verde prado y los puentes y las casas siendo cubiertas con humo negro y un hongo gigante multicolor alzándose por encima de la ciudad”. Los militares se preguntaron por qué se atacó Nagasaki apenas tres días después, sin haber dado el suficiente tiempo a Japón para rendirse. “Después de tirar la bomba, me sentí exactamente igual que como lo hago ahora, excepto que ese día no había bebido tanto café como hoy”, bromeaba Tibbets en una entrevista de 1995. “Estaba satisfecho de haber cumplido mi misión. No tenía ninguna emoción entonces, y no la he tenido nunca, solo puedo decirte que la guerra es el infierno. Lo sé. La he vivido. Si esperas sacarme una expresión de emoción, no lo conseguirás. Soy frío.


Fuentes: 






domingo, 5 de agosto de 2018

EL ROBO DE BEBÉS DESDE UNA PERSPECTIVA DE GÉNERO

Se sabe que hasta el año 1952 fueron más de 30.000 los niños robados, pero existe una segunda etapa del robo de bebés, que llega hasta los 90, en la que el tráfico de niños y niñas aumentó de forma considerable.
Se sabe que hasta el año 1952 fueron más de 30.000 los niños robados, pero existe una segunda etapa del robo de bebés, que llega hasta los 90, en la que el tráfico de niños y niñas aumentó de forma considerable...

EL ROBO DE BEBÉS DESDE UNA PERSPECTIVA DE GÉNERO.

"EL ROBO DE BEBÉS, QUE SE INICIA EN LA DICTADURA, Y SE HA PROLONGADO DURANTE AÑOS EN DEMOCRACIA, ES UN DELITO QUE ADEMÁS SE CENTRÓ EN EL DESPRECIO Y LA REPRESIÓN HACIA LAS MUJERES..."

(Por Soledad Luque Delgado y María José Esteso Poves) [1]


ORIGEN Y EVOLUCIÓN

Hablar de bebés robados es adentrarse en uno de los episodios más espeluznantes de nuestra historia reciente, por su extensión en el tiempo, porque se produjo en todos los rincones del Estado, y porque afectó a miles de personas de la manera más cruel imaginada. 

Este drama, cuyas consecuencias seguimos padeciendo a día de hoy, no puede tratarse desde una visión simplista como acostumbran a hacer los medios de comunicación. Quedarnos en la superficie, pensando y difundiendo que este crimen tuvo un objetivo meramente lucrativo, es desvirtuar en sí su verdadera naturaleza, además de situar a los criminales en una posición jurídica que en absoluto es la que les debería corresponder. 

El hecho de que se produjera durante décadas, desde 1936 hasta bien entrada la democracia, implica tener en cuenta los contextos históricos, políticos e ideológicos donde se cometió el delito. Esto supone una evolución también en el modus operandi y los motivos a través de distintas etapas o fases, aunque todas ellas enlazadas por el fino y omnipresente hilo de la impunidad. 

Se contemplan tres fases principales: La primera está relacionada con el robo de los hijos a las mujeres republicanas; según el Auto de Baltasar Garzón del 18 de noviembre de 2008, se estima que hasta el año 1952, y bajo represión política, fueron robados más de 30.000 niños en cárceles y centros de detención. La segunda etapa se desarrolla a partir del año 1952 y durante toda la dictadura, es la fase más extensa; la ubicación ya no son únicamente las cárceles sino que la inmensa mayoría de robos se produce en clínicas y maternidades. Son en estos mismos centros donde se producen las desapariciones también durante la democracia, donde se centra la tercera etapa, que marca diferencias con las dos anteriores en cuanto al motivo primordial de los robos, como se comentará más adelante. El número de bebés desaparecidos en la segunda y tercera es incalculable.

Los móviles de estos robos varían de una fase a otra. En la primera, el objetivo era separar los hijos de las mujeres republicanas por medio de aplastante represión política. Esta segregación infantil estaba basada en la teoría del psiquiatra Antonio Vallejo Nágera, jefe de los Servicios Psiquiátricos Militares de la dictadura franquista y autor de Eugenesia de la Hispanidad y regeneración de la raza en 1937. Una de sus tesis pseudocientíficas, formado académicamente en la Alemania nazi, es la denominada «teoría del gen rojo», según la cual el marxismo era una enfermedad que daba lugar a una inferioridad intelectual, a degenerados y psicópatas antisociales que había que exterminar. En 1938 dirigió un estudio para determinar esta tesis, y para ello utilizó dos grupos de prisioneros republicanos: uno era un grupo de brigadistas y otro estaba formado por mujeres de la cárcel de Málaga. Las conclusiones de este estudio quedaron reflejadas en La locura y la guerra: psicopatología de la guerra española en 1939, donde queda patente la horripilante y peligrosa teoría de Vallejo Nágera.

Una vez que propugna que esta «enfermedad» se transmitía genéticamente, la forma de evitar que se desarrollase en las personas que la heredaban era separarlas a temprana edad, de sus madres y padres, y reeducarlos en otros ambientes y otras familias. Las cárceles de mujeres eran el sitio propicio para llevar a cabo una segregación infantil en ese momento.

En los años 1940 y 1941 aparecen el Decreto Ley de 23 de noviembre de 1940 (BOE de 1 de diciembre, número 194, pp. 1973 y 1974, del Ministerio de la Gobernación sobre «Huérfanos. Protección a los de la Revolución y la Guerra») y la Ley de 4 de diciembre de 1941 (BOE de 16 de diciembre, página 2136, de Jefatura del Estado, sobre «Registro Civil. Inscripción de niños repatriados y abandonados»). Ambos documentos oficiales legalizaban la apropiación y tutela de las niñas y niños por parte del Estado.

A partir de mediados de los años 50, y durante toda la dictadura, los bebés que desaparecen de los centros hospitalarios son fundamentalmente hijas e hijos de mujeres madres de familia numerosa, humildes o muy pobres, también de mujeres solteras, y casi todas ellas con importantes carencias culturales y educativas. En esta segunda etapa se amplía considerablemente la población que es el objetivo de los robos. El motivo que suponemos como base para continuar cometiendo este crimen en estos años es la nefasta ideología propugnada por el nacionalcatolicismo, donde la excusa de la moral cristiana justificaba el robo de bebés y su reubicación en ‘familias de bien’, con todo lo que significaba esa expresión en la España más recalcitrante y retrógrada del momento, y donde las figuras de autoridad y poder de cualquier ámbito (médico, eclesiástico o funcionariado) se permitían, supuestamente, decidir con qué familia se debía criar un bebé. En los últimos años de la dictadura encontramos también casos de mujeres jóvenes con ideas más adelantadas a las que la época, que eran consideradas «descarriadas», así mujeres separadas o parejas jóvenes primerizas.

Cuando nos adentramos en la tercera etapa, la que se desarrolla ya en la democracia, vemos que la tipología de casos no varía sustancialmente de los ocurridos en la segunda fase, aunque podría considerarse que la motivación más relevante es la económica, la de lucrarse únicamente.

Al hablar del modus operandi, también hay diferencias entre las etapas. Mientras que en la primera, las mujeres republicanas eran conscientes de que les arrebataban a sus hijas e hijos, las mujeres de las etapas posteriores eran engañadas al decirles que sus bebés habían muerto. Tanto una como otra forma de actuar son extremadamente infames y despiadadas, pero la mentira a la que fueron sometidas las mujeres de la segunda y tercera etapa desencadenó, después de décadas de sufrimiento y una vez que son conscientes del engaño, una explosión de destructivos sentimientos que están haciendo de las vidas de estas mujeres un infierno. En la siguiente sección, se mostrará con más detalle esta situación.

Algo que no debemos perder de vista es que no se produce una ruptura entre las diferentes etapas o fases. Por tanto, no podemos hablar de mutación entre ellas sino de una evolución fruto de la continuidad. No podemos hacer una separación abrupta ya que «Las etapas de las que se ha hablado no son episodios aislados de nuestra historia reciente, sino que todas se relacionan a lo largo de una misma línea temporal cuyo punto hilo conductor es la impunidad y que llega hasta época muy próxima debido a la ausencia de una ruptura profunda con algunos ambientes sociales, políticos y jurídicos de una época que ni siquiera se puede todavía investigar ni enjuiciar».

A partir de las investigaciones que se han realizado sobre este tema, no podemos afirmar que las tres fases estén absolutamente delimitadas. Por poner algunos ejemplos: las tesis de Vallejo Nágera se componían de argumentos donde se mezclaba la pseudociencia, lo político y lo moral; el robo en nombre de la caridad cristiana no estaba exento en muchas ocasiones del pago de una buena cantidad de dinero por parte de los padres adoptantes a la religiosa que se ocupaba del asunto; incluso cuando el móvil económico es más relevante en la última etapa no está libre del todo del elemento ideológico.

Por tanto, claro que hay diferentes motivos a lo largo de tantos años y, aunque todos se entremezclan en las diferentes fases, siempre hay alguno que es más relevante en cada una de ellas por cuestiones básicas, como decíamos al principio, de contexto histórico, político e ideológico. Ahora bien, todas esas motivaciones que llevan al robo tienen el mismo peso: «El móvil político, el ideológico, el económico, el que se comete en nombre de la moral, de la religión, de las buenas costumbres, todos forman parte de la misma ignominia. Sin olvidar la terrible represión de género que anula los más básicos derechos de las mujeres y que enmarca de forma trágica este crimen».


CIRCUNSTANCIAS Y CONSECUENCIAS

Es importante tener en cuenta las circunstancias en que se encuentra la mujer cuando ocurren los hechos, cómo se realizan los robos y, en especial, toda la estructura ideológica represiva que comienza con los indeseables postulados de Vallejo Nágera y que ha sido heredada por varias generaciones en nuestro país.

Aunque en la segunda parte de este artículo, elaborada por Mª José Esteso, se hablará más extensamente sobre la nefasta influencia de Vallejo Nágera en la terrible realidad vivida por las mujeres de nuestro país durante décadas, y los flecos que todavía ondean al respecto hoy día, es oportuno recordar cómo ya en 1937, en su libro Eugenesia de la Hispanidad y regeneración de la raza, encontramos afirmaciones del tipo: «La mujer de raza no quiere ser ‘compañera’ o ‘amante’, sino ‘madre’, y madre de muchos hijos».  

Si a esta idea le unimos su obsesiva búsqueda del gen rojo que, según propugnaba en sus escritos, era la madre republicana la que lo transmitía a sus herederos, solo pudo darse la situación que se dio en la posguerra hasta el año 52: miles de niñas y niños robados a mujeres republicanas para ser educados muchos de ellos con familias adeptas al régimen, con mujeres «de raza» que querían ser madres y que no siempre podían tenerlos.

Cuando avanzamos en el tiempo y pensamos en las mujeres que ya parían en maternidades u hospitales, sabemos que estas entraban solas al paritorio y se encontraban rodeadas de un ambiente frío, bastante desabrido y en la mayoría de las ocasiones intimidatorio. Ese era el escenario que se encontraba la mayoría de las mujeres que dieron a luz en aquel tiempo. En tales circunstancias, nada más nacer, el bebé era retirado del lado de la madre con la excusa de llevarlo a la incubadora y después de un tiempo, que podían ser minutos, horas o días, llegaba la noticia de que el bebé había fallecido. El patrón era casi siempre el mismo: no se permitía ver el cadáver y en muchos de los casos tampoco se le podía enterrar, ya que el hospital se encargaba de todo.

«La situación de shock por la pérdida de un hijo, junto con la siempre respetada, incluso temida, autoridad de ciertas figuras preponderantes de la época, hacía que las familias salieran del hospital con el corazón destrozado y la mente confusa sobre lo que había pasado. Poco tiempo después, estas madres a las que habían engañado comenzaban a analizar lo ocurrido y empezaban a pensar que quizás había pasado algo diferente a lo que les habían dicho».

Algunas de ellas mantuvieron silencio al pensar que podían estar imaginando demasiado; cuando se atrevían a manifestar sus temores, se les aconsejaba callar para no ser consideradas mujeres trastornadas. El silencio fue parte esencial en su vida, no por ser mujeres silenciosas sino por ser mujeres silenciadas. La soledad y la incomprensión también las acompañaron durante años, la sociedad miraba para otro lado.

Pero el tiempo pasa y, décadas después de los hechos, se produce una eclosión en los medios de comunicación de casos de bebés robados. Cuando esas madres ven cómo hay hombres y mujeres que están buscando a sus familias biológicas, comienzan a pensar que quizás no estaban tan locas y que tenían razón. Vuelven a surgir todos los sentimientos de entonces pero también otros nuevos: rabia y culpabilidad al pensar que deberían haber sido más conscientes del robo, a pesar de que eso era imposible ya que las mujeres no podían saber en aquel momento que estaban siendo víctimas de un crimen tan espantoso. Surgen inevitablemente muchas preguntas: dónde puede estar el hijo, cómo será, qué hará; la ansiedad que provoca la separación y la angustia al no saber nada de ese bebé, ya persona adulta, que creían muerto se establece en todos los aspectos de su vida. Sin olvidar la inseguridad y el temor que se instala al imaginar que cuando encuentren a su hijo, este puede no creer la verdad de lo ocurrido y pensar que fue abandonado y, como consecuencia, el terror de perder de nuevo al hijo o que ya sea demasiado tarde para poder establecer alguna cercanía.

De ninguna manera se está menospreciando el dolor de los padres y del resto de la familia ante la supuesta pérdida del bebé y toda la situación emocional que sobrevino décadas después, pero es fácilmente compresible que son las mujeres las que en su cuerpo y en su mente sufrieron de forma aplastante su maternidad robada en diferentes etapas y por diferentes motivos. Lo que «sin duda une a todas las épocas del robo de bebés es la cuestión de género, la consideración de la mujer como incapacitada para decidir de forma totalmente libre y soberana sobre su maternidad»


EL PAPEL DE LAS MUJERES

El robo de bebés, tanto en la dictadura como en democracia, ha sido posible por muchos factores, uno de ellos el papel que se reservó a las mujeres. Un segundo plano, en el que estas no contaban y ni siquiera se las consideraba depositarias de sus propios hijos e hijas.

La desaparición de niños y niñas en España es un crimen al que todavía tiene que dar respuesta el Estado. Hacer Justicia y reparar a las víctimas y poner todos los medios para que las familias encuentren a sus seres queridos.

El robo de bebés, que se inicia en la dictadura, y se ha prolongado durante años en democracia, es un delito que además se centró en el desprecio y la represión hacia las mujeres. El Estado contemplaba a las madres como simples mujeres ‘parideras’, no como personas con autonomía y derecho a criar y educar a sus hijos e hijas. El régimen franquista volcó toda su miseria ideológica en la figura de la mujer, de la que se decía tenía que ser ejemplar, con apelativos como santa y pura, entre otros.

La madre no contaba, en particular las madres y mujeres de los vencidos, las mujeres pobres, pero también las mujeres en general. Con los años, el robo de bebés fue un negocio que afectó a más familias porque la demanda de recién nacidos, para su compra y venta, era tal que se extendió.

Todas las conquistas sociales de la Segunda República, como el voto femenino, el acceso a puestos de responsabilidad o el acceso a la enseñanza pasaron a la historia en la dictadura. Las mujeres estaban destinadas a ser sumisas y dependientes de los hombres en todos los aspectos.

La apropiación de niños y niñas se convirtió en una práctica frecuente. Tanto es así, que corría el rumor, entre las madres, a primeros de los años 60, cuando se ponen marcha muchos hospitales públicos, que en estas nuevas maternidades desaparecían los recién nacidos. Aquel rumor se ha confirmado hoy. Esas mujeres no estaban equivocadas.

Aunque no existen cifras, son miles las niñas y niños que fueron robados. Por un lado, se sabe que hasta el año 1952 fueron más de 30.000 niños robados, como explica el auto del 18 de noviembre, en 2008, del juez Baltasar Garzón. Pero existe una segunda etapa, del robo de bebés que llega hasta los 90, en la que el tráfico de niños y niñas aumentó de forma considerable.

Los bebés supuestamente morían, por cualquier causa pero, en realidad, lo que se hizo fue falsificar documentos y mentir a las familias, mientras los recién nacidos eran entregados a otros padres que no eran los biológicos. Estos los inscribían en muchos casos como hijas e hijos naturales.


SIN DERECHOS

En la dictadura, el pensamiento dominante consideraba que los vencidos, los rojos, pero también las familias humildes, no tenían derechos sobre sus hijos. Y, si a las familias pudientes y adeptas al régimen Dios no les daba hijos, con más razón, a estas había que entregarles estos niños.

Después, el robo de bebés se convierte en un negocio, sin abandonar el tinte ideológico y la impunidad con la que actuaban los actores implicados: médicos, curas, monjas, matronas, notarios, abogados... Entonces, la mujer sigue siendo un instrumento.

El desprecio a las mujeres ya estaba sembrado y perdura hoy en algunos sectores. El militar y siquiatra del Régimen Antonio Vallejo Nágera (1889-1960) se encargó de dejarlo claro. En varios artículos publicados en los años 30, califica a las mujeres como «débiles mentales, arpías, fanáticas...». En uno de esos textos, firmado por Vallejo Nágera y el doctor Eduardo Martínez, se dice:

«Si la mujer es habitualmente de carácter apacible, dulce y bondadosa se debe a los frenos que obran en ella, pero como el psiquismo femenino tiene muchos puntos de contacto con el infantil y el animal, cuando desaparecen los frenos que contienen socialmente a la mujer y se liberan las inhibiciones fregatrices de las impulsiones instintivas, entonces se despierta en el sexo femenino el instinto de crueldad y rebasa todas las inhibiciones inteligentes y lógicas»


INSTRUMENTO DE REPRODUCCIÓN

Bajo estos principios, las mujeres eran consideradas meros instrumentos de reproducción. El régimen se arrogó también la custodia de los niños y niñas a través de varias normativas que permitían inscribirlos con otros apellidos que no eran los suyos en el caso de los hijos de los vencidos.

El menosprecio hacia las mujeres y las madres estaba presente siempre. Durante el parto, si ahora nada más nacer el bebé es puesto en los brazos de la madre, entonces se actuaba con autoridad y desprecio hacia la propia madre. El hijo era rápidamente apartado del contacto con esta, lo que también facilitaba su desaparición. A la madre no se le permitía verlo ni abrazarlo en la mayoría de los casos. Pero durante el parto, tampoco solían estar presentes los familiares en el caso de los hospitales. En ese momento, la mujer estaba sometida a la autoridad que estaba representada por el médico, la matrona, la monja... que se arrogaban la protección de la criatura. Por ello, muchos relatos de madres a las que se les arrebató a su hija o hijo comienzan igual: «Se lo llevaron corriendo y no nos lo pudimos ver».


LA SEXUALIDAD REPRIMIDA

Sobre el cuerpo de las mujeres llegó también la victoria. La sexualidad de las mujeres fue negada y reprimida durante años. La dictadura franquista y la Iglesia se encargaron de crear una conciencia del pecado sobre las mujeres que debían ser personas asexuadas y sumisas. Personas sin autonomía y sin derechos, únicamente destinadas a «dar gusto» a sus maridos, a los cuidados y a parir los hijos que Dios les enviara.

Para ello, durante años la Sección Femenina adoctrinó a las mujeres para cercenar cualquier deseo de emancipación o rebeldía y, por supuesto, reconducir el deseo sexual. Esa organización explica así, en uno de sus manuales, como debía actuar una mujer: «Si tu marido te pide prácticas sexuales inusuales, sé obediente y no te quejes», afirma. «Si él siente la necesidad de dormir, no le presiones o estimules la intimidad». «Si sugiere la unión, accede humildemente, teniendo siempre en cuenta que su satisfacción es más importante que la de una mujer. Cuando alcance el momento culminante, un pequeño gemido por tu parte es suficiente para indicar cualquier goce que haya podido experimentar» (Sección Femenina 1958).


LAS MUJERES NO CONTABAN

Las mujeres no contaban, incluso cuando los médicos anunciaban que el bebé había muerto. La interlocución era, en la mayoría de los casos, del médico con el marido o el padre. Pero si el cabeza de familia, como se denominaba, se ausentaba, era la coartada perfecta para que desapareciera el bebé. La madre no contaba.

Además, el robo de bebés estaba justificado si la madre era soltera. Si no dependía de un hombre y esa unión no había sido bendecida por la Iglesia. Y cuando esta información era conocida por las personas que los hospitales, en la mayoría de los casos monjas, decidían sin contar con la madre: él o la recién nacida era ya destinado a la adopción. 

Pero no solo, también la sociedad marginaba a estas mujeres. Y cuando la madre denunciaba en su familia, o fuera de ella, que su bebé no había muerto y que había sido robado, se consideraba en muchos casos que estas mujeres eran débiles y habían perdido la cabeza. Estaban locas. De nuevo no contaba su testimonio de los hechos.


En el fanatismo religioso de los médicos de la época, el rapto de bebés estaba también justificado. El ginecólogo Eduardo Vela Vela, acusado del robo de decenas de bebés y pendiente de ser juzgado por el rapto de Inés Madrigal, explicaba a los afectados de su clínica privada que lo que hizo fue por «el bien de las madres y los hijos». Durante una entrevista que el médico mantuvo con afectados del robo de niñas y niños de la Clínica San Ramón, de su propiedad, el médico manifestó que había actuado «porque había barcos en España que se iban a aguas internacionales para provocar abortos».


LAS MUJERES DE NUEVO

Con este panorama, hoy son las madres las que buscan a sus hijos. Son en su mayoría mujeres, madres y hermanas las que están al frente de las asociaciones de víctimas del robo de bebés. Pero estas mujeres se topan de nuevo con estamentos de poder que siguen negando sus testimonios y niegan los hechos. Los jueces, un sector mayoritariamente masculino, archivan una y otra vez las denuncias de estas madres.

De nuevo, las mujeres no cuentan. Sin embargo, son las mujeres las que están avanzando. De momento, con el ejemplo de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, en Argentina, decenas de mujeres están reclamando también en las plazas del Estado español que se haga Justicia. Que no se archiven las denuncias. Que el testimonio de las madres se tenga en cuenta y se busque a los niños y niñas robados. Que se abran los archivos, que se destine todo lo necesario para que la Justicia investigue y juzgue a los culpables. Que las madres encuentren a sus hijos e hijas y puedan abrazarlos. 

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[1] Soledad Luque Delgado es investigadora del Instituto de Estudios de Género de la Universidad Carlos III de Madrid y María José Esteso Poves es periodista y escritora.


Fuente: 





domingo, 29 de julio de 2018

EL COMIENZO DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL Y EL PAPEL DE LOS MOVIMIENTOS OBREROS REVOLUCIONARIOS.

La Primera Guerra Mundial combina elementos de las guerras “clásicas” pero cada vez más junto a métodos propios de las guerras civiles o de las guerras coloniales, por lo que se generalizan los llamados “crímenes de guerra”...
La Primera Guerra Mundial combina elementos de las guerras “clásicas” pero cada vez más junto a métodos propios de las guerras civiles o de las guerras coloniales, por lo que se generalizan los llamados “crímenes de guerra”...

EL COMIENZO DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL Y EL PAPEL DE LOS MOVIMIENTOS OBREROS REVOLUCIONARIOS.

EL 28 DE JULIO DE 1914, CON LA DECLARACIÓN DE GUERRA DEL IMPERIO AUSTRO-HÚNGARO A SERBIA, SE INICIABA LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL.[1]

¿El motivo? Todavía es común encontrar la explicación de que se debió al asesinato del archiduque Francisco Fernando de Habsburgo, heredero al trono del imperio, a mano de un terrorista serbio en Sarajevo, la capital de Bosnia-Herzegovina, ocurrido un mes antes. Este tipo de relatos buscan que la historia sea incomprensible para las grandes masas, remplazando las causas profundas de los grandes hechos históricos por un simple juego de “grandes personalidades”.

La verdad es que para ese entonces ya hacía por lo menos 25 años que las grandes potencias europeas se habían estado armando hasta los dientes, compitiendo entre sí. En un caso para patear el tablero del statu quo mundial e imponerse como poder hegemónico y así conquistar colonias y áreas de influencia, como pasaba con el Imperio Alemán, que utilizaba a su aliado Austria-Hungría, un imperio en decadencia y subordinado a Berlín. Pero esto solo podía lograrse a expensas del imperio en ese momento dominante, Gran Bretaña, que también tenía sus propios aliados subordinados, como Francia. El área geográfica de disputa inmediata entre todas las potencias era los Balcanes, el territorio que había estado dominado hasta poco tiempo antes por el Imperio Turco, que se fue hundiendo y desmembrando, y el sector de Europa Oriental que estaba bajo la bota del Imperio Ruso, también en acelerada decadencia luego de la revolución de 1905.


LAS CAUSAS PROFUNDAS

El asesinato del archiduque no fue más que una excusa. Alemania y Austria-Hungría simplemente eligieron el momento más conveniente, en el que estaban en su mejor capacidad militar como para afrontar una guerra europea que para ellas se volvía una necesidad, y le impusieron a Serbia (en el centro de la zona en disputa, recientemente liberada de Turquía, ligada a Rusia y por su intermedio a Gran Bretaña y Francia) un ultimátum imposible de cumplir para desatar sí o sí el conflicto. Estas potencias, apoyándose en su gran desarrollo tecnológico-militar, pero con la desventaja de su situación geográfica enfrentando enemigos en dos frentes distintos, necesitaban una victoria rápida y fulminante. Pero, por el contrario, por tratarse de una guerra entre grandes potencias con intereses, colonias y aliados a lo largo del planeta, se terminó transformando en mundial. A pesar de que las dos grandes alianzas de potencias intentaron justificar la participación en el conflicto como una supuesta “guerra de liberación” contra la potencia enemiga a la que se presentaba como “despótica”, hay que decir que claramente no se trató de un conflicto por ningún tipo de ideales de “libertad” ni “progreso”, sino una guerra entre potencias imperialistas que se disputaban el dominio mundial y repartirse colonias y áreas de influencia.


NUEVO TIPO DE GUERRA

Este conflicto también marcó un antes y un después en la propia historia de la guerra en general. En la memoria de las masas y de la opinión pública de entonces, todavía predominaba el modelo de las “guerras clásicas”. Es decir, conflictos entre Estados que se libraban entre ejércitos de militares profesionales, en teatros de guerra delimitados y sometidos a ciertos límites o regulaciones.

Sin embargo, entre 1870 y 1914 se desarrolla una creciente carrera armamentística y un avance inédito de la tecnología militar. Paralelamente a este desarrollo masivo de la capacidad destructiva, en la mayoría de los ejércitos europeos se implanta la conscripción obligatoria, incorporando al servicio, junto a militares de profesión, a grandes sectores de trabajadores y campesinos de la población civil. Durante esos años se producen mayoritariamente guerras de conquista por fuera de Europa, entre potencias imperiales y los pueblos coloniales en Asia y África, donde las primeras llevan a cabo una “guerra total” que no le reconoce estatus alguno de “enemigo legítimo” a los segundos, atacando masivamente a las poblaciones civiles y produciendo brutales genocidios, implantando el terror. Todos estos elementos, especialmente este último, se volcarían ahora, ya no a una guerra contra pueblos considerados “atrasados” o “inferiores”, sino dentro del seno mismo de lo que se consideraba “la civilización occidental”: la propia Europa.

La Primera Guerra Mundial irá terminando con la movilidad más característica de las guerras clásicas e irá incorporando la estática y desgastante guerra de trincheras, donde se destruyen en grandes cantidades en forma acumulativa recursos humanos, tecnológicos y económicos, solamente en muchos casos para avanzar unos pocos kilómetros de terreno –como la Batalla de Verdún–, que se prolongó por 10 meses, con 300 mil muertos y un millón de heridos. Para avanzar superando las trincheras se crean los tanques, los aviones de bombardeo y se emplean por primera vez las armas químicas y los gases venenosos. El resultado en costos humanos será de 10 millones de muertos, 8 millones de desaparecidos y 21 millones de heridos. Es decir, la Primera Guerra Mundial combina elementos de las guerras “clásicas” pero cada vez más junto a métodos propios de las guerras civiles o de las guerras coloniales, por lo que se generalizan los llamados “crímenes de guerra”. Todo esto, no obstante, se repetirá aún en mayor escala y con mayor brutalidad en la Segunda Guerra Mundial, donde estos métodos y el terror de las masacres de civiles que inaugura 1914 (el más paradigmático es el genocidio armenio a manos de Turquía, del que se está cumpliendo un siglo) se transformarán en una verdadera industria del asesinato en masa y donde la cifra de muertos se multiplicará aproximadamente por 7.


EL MOVIMIENTO OBRERO

Durante todo el período previo a 1914 se desarrolló fuertemente el movimiento obrero y socialista. La Segunda Internacional fundada por Friedrich Engels luchaba contra el militarismo, y su acción en varias oportunidades logró evitar el peligro de una guerra europea. La burguesía imperialista estaba en la disyuntiva que, por un lado, la guerra era una necesidad, ya sea para mantener o para mejorar la posición de su propio Estado nacional frente a los demás; pero por el otro lado, podía abrir una caja de Pandora, donde el internacionalismo y la agitación antimilitarista de la clase obrera socialista podía terminar desencadenando la revolución.

Por esta razón, durante este período se ocupa, mediante concesiones, reformas y la corrupción lisa y llana de una parte de los dirigentes sindicales e impulsando el patriotismo de la clase media y de la nueva aristocracia obrera, de ir mellando el filo revolucionario y el internacionalismo de los partidos socialistas, y de ir atando cada vez más la suerte de las organizaciones de los trabajadores, sus conquistas y sus aparatos y recursos, a la suerte de cada Estado capitalista nacional.

Como resultado de esto, cuando llegó el momento decisivo de oponerse a la guerra mundial declarada, la mayoría de los dirigentes de los partidos socialistas y de los sindicatos, muy por el contrario, traicionó sus promesas y apoyó al gobierno de su respectivo Estado nacional, votando los créditos de guerra, como pasó con particular notoriedad en los dos países con los partidos más importantes: Alemania (4 de agosto de 1914) y Francia (...)

Los disparos de Gavrilo Princip que acabaron con la vida del archiduque Francisco Fernando el 28 de junio de 1914 iban a variar muchas cosas. No solo iba a ser el pistoletazo de salida para una de las guerras más crueles de la historia (algo que las crisis balcánicas y del norte de África ya apuntaba), donde se conjugó los modelos de guerra tradicional hasta entonces (el cuerpo a cuerpo) con una guerra de posiciones y desgaste con material bélico sofisticado, el inicio de la guerra aérea y de la guerra química. La Primera Guerra Mundial también significó un profundo debate en el seno del movimiento obrero internacional y, como no, en el anarquismo. Una encrucijada en la que se vio el movimiento obrero del que iba a salir con otra fisionomía.

El socialismo internacional, salvo excepciones, se posicionó con sus respectivos países durante el conflicto. La socialdemocracia alemana que tenía una importante fuerza en el movimiento obrero, no dudó en votar a favor de los créditos de guerra. Le siguió los pasos el socialismo del Imperio Austro-Húngaro. Muchos más críticos fueron los socialistas italianos y franceses. Los italianos en un principio condenan la guerra, pero pronto un grupo se desgaja apoyando la intervención italiana en el conflicto. Entre ellos se encontraba un personaje, Benito Mussolini, que fundó un periódico, Il popolo d'Italia y hace concebir el embrionario fascismo. Los franceses por su parte tuvieron en la figura de Jean Jaurès el mejor opositor a la guerra. Pero el asesinato de éste por el ultranacionalista Raoul Villain el 31 de julio de 1914 enterraba el posicionamiento de este sector del socialismo francés. La constitución de un gabinete de concentración nacional en Francia contó con el apoyo de los socialistas que tomaron varios ministerios. En el caso español, ante la neutralidad del país, el socialismo aunque criticó la guerra mostró inclinación por los aliados, a los que consideraba defensores de la democracia frente al autoritarismo de los imperios centrales. Quizá fue el socialismo ruso quien sacó mejor partido, ya que su táctica de oposición a la guerra les llevó al triunfo de la Revolución en 1917 y a la toma del poder por parte del Partido Bolchevique.


EL ANARQUISMO

El movimiento anarquista había sido muy claro en sus posturas desde sus orígenes ante la guerra. Considerada como una herramienta más de Estados y capitalistas, los anarquistas se opusieron a cualquier tipo de conflicto que enfrentara a pueblos y trabajadores. La guerra era la social, entre explotadores y explotados. Unos posicionamientos que quedaron reforzados tras el Congreso de Ámsterdam de 1907 y donde se vislumbraba ya el horizonte que se teñía sobre Europa.

Sin embargo la Primera Guerra Mundial si generó un pequeño debate en las filas libertarias, pues alguno de los pensadores más destacados del anarquismo mantuvieron posiciones distintas a las defendidas hasta el momento. Si para la inmensa mayoría del movimiento libertario internacional la guerra seguía siendo una herramienta al servicio del poder, para personajes como Kropotkin, Malato o Cornelissen, la situación era distinta. Sobre todo fue Kropotkin quien inició una fuerte campaña en favor de las potencias aliadas. En una carta dirigida a James Guillaume en septiembre de 1914 Kropotkin hace una disertación sobre la brutalidad de los imperios centrales y la necesidad de apoyar a los aliados como única salida para conquistar el socialismo. Kropotkin incluso llegó a escribir en La Bataille Syndicaliste que la oportunidad para el socialismo era inmejorable, incluso haciendo alusión que si Marx quería que triunfase el “socialismo alemán” ellos tendría que luchar por la necesidad de triunfo del “socialismo francés”

No dejó de causar consternación en el entorno anarquista que una personalidad de la influencia de Kropotkin se posicionase así. Pero lejos de generar un debate extenso en el movimiento libertario las voces anarquistas fueron contrarias a la guerra. Además personalidades de la talla de Errico Malatesta o Emma Goldman tuvieron brillantes intervenciones contra el conflicto bélico. En marzo de 1915 se emite un comunicado firmado por personajes como Alexander Berkman, Errico Malatesta, Ferdinand Domela Nieuwenhuis, Emma Goldman, Alexander Shapiro o Pedro Vallina, donde se condena la guerra, el capitalismo y el Estado. Los enemigos no son los pueblos sino aquellos que ordenaba a los trabajadores matarse entre ellos por objetivos que les eran ajenos. Así lo expresa en un momento del comunicado: 


“La propaganda y la acción anarquista deben dirigirse con preferencia a debilitar y desintegrar los diversos Estados, a cultivar el espíritu de rebeldía y a desarrollar el descontento en los pueblos y los ejércitos. A los soldados de todos los países que combaten por la justicia y por la libertad, debemos explicarles cómo su heroísmo y su valor no servirán más que para perpetuar el odio, la tiranía y la miseria. A los obreros de las ciudades, debemos recordarles que el fusil que hoy empuñan sirvió otras veces para fusilarlos en ocasiones de huelga y de legítima revuelta, y que una vez la guerra concluya se volverá contra ellos para obligarlos a sufrir la explotación. A los campesinos, mostrarles que después de la guerra se verán forzados a encorvarse otra vez bajo el yugo para labrar las tierras de sus señores y alimentar a los ricos. A todos los parias, que no deben soltar sus fusiles sin haber ajustado cuentas con sus opresores y tomado posesión de los campos y las fábricas. A las madres, compañeras e hijas, víctimas de la miseria en exceso y de las privaciones, decirles quiénes son los verdaderos responsables de sus dolores y del asesinato de sus padres, hijos y maridos.”

Por su parte, en febrero de 1916 el reducido grupo de anarquistas “aliadófilos” firman un manifiesto donde responsabilizan de todo al Imperio Alemán. Es el conocido como “Manifiesto de los 16”, que tuvo una influencia escasa y que tuvo una respuesta de Errico Malatesta en Freedom, acusándolos de “anarquistas pro-gobierno”.


EL ANARQUISMO ESPAÑOL ANTE LA GUERRA

España permaneció neutral durante la Gran Guerra si bien las industrias de guerra generaron un enorme beneficio a la clase capitalista del país que se lucró con la venta de armamento de forma oficial a los aliados y de forma soterrada a los imperios centrales. Este beneficio económico no repercutió en una mejora para la clase obrera cuyas condiciones fueron cada vez peor y se generó todo un ciclo de fractura social y movilización.

Cuando estalló la Guerra Mundial la CNT volvía a la legalidad tras tres años proscrita. Y curiosamente volvía con más militantes que cuando fue ilegalizada por el gobierno. Y aunque el sindicalismo revolucionario francés estuvo en su mayoría por la paz, fue la CNT la única organización del movimiento obrero que se opuso en bloque al conflicto bélico.

Aunque en España también hubo algún debate entre anarquistas pacifista y anarquistas “aliadófilos”, lo cierto es que los primero tenían aplastante mayoría. Tan solo la voz solitaria de Ricardo Mella apoyó las tesis de Kropotkin que en España no tuvieron la más mínima influencia.

Incluso fue en España donde se organizó y desarrolló un Congreso Internacional por la Paz en la ciudad de Ferrol los días 29 y 30 de abril de 1915. La organización del Congreso la asumió el Ateneo Sindicalista de Ferrol destacando la figura de José López Bouza. El congreso estaba asumido e impulsado por la CNT y contó con el apoyo de las figuras más importantes del momento: Eusebio Carbó, Ángel Pestaña, Antonio Loredo, Mauro Bajatierra, etc. Al mismo estaban convocados diversos organismos y personalidades internacionales. La prensa anarquista española y portuguesa se hicieron eco del evento desde meses antes.

Pero el gobierno español prohíbe la celebración del mismo, al que considera una reunión de “peligrosos anarquistas”. Aun con todo se celebraron dos sesiones, donde participaron delegados españoles, portugueses y franceses. Al congreso se adhieren organizaciones y personalidades anarquistas de Gran Bretaña, Francia, Italia, Argentina, Brasil, etc. La policía procede a la detención y expulsión del país de los delegados extranjeros. La paz fue el tema principal así como la necesidad de organización de una Internacional anarquista y de la reorganización de la CNT. Se tomó el acuerdo de que si España decidiese entrar en Guerra se convocaría una huelga general.

Poco más dio de sí dicho congreso, si bien las consecuencias del mismo marcó el devenir del movimiento libertario. Apenas un año después la CNT y la UGT llegan a un acuerdo por las condiciones de la clase obrera y deciden ir a la huelga. Huelga que se convierte en revolucionaria en agosto de 1917 y que tiene los ecos de la Revolución rusa de fondo.

La fractura social que generó el final de la guerra y las carestías generadas a la clase obrera fue el inicio de un ciclo huelguístico que tiene en la huelga de la Canadiense de 1919 y la conquista de las ocho horas de trabajo el punto álgido.

La guerra finalizó en 1918 y durante años se debatieron los tratados de paz. El mapa del movimiento obrero internacional había variado. El socialismo se había roto y había surgido un nuevo actor, el comunismo. El anarquismo, a pesar de alguna excepción, se había mantenido firme respecto a la guerra. Fue el triunfo de la Revolución rusa lo que generó mayor debate en el seno del anarquismo. Pero es otra historia...


LA MUJER ADQUIERE UN ROL IMPORTANTE

Un siglo atrás millones de mujeres de todo el mundo llenaron los vacíos que quedaron en la sociedad civil, luego que cerca de 70 millones de hombres tuvieran que entrar en la lucha de la Primera Guerra Mundial.

Según la profesora y vicedirectora de Estudios de Posgrado en el Departamento de Historia de la Universidad Rutgers, Belinda Davis, “en Reino Unido, Bosnia, Bagdad, en todo Estados Unidos, Europa, India y África, las mujeres se volverían jefas de familia en proporciones sin precedentes”.

"Las mujeres obtuvieron el derecho al voto durante las hostilidades o poco después en Estados Unidos, Canadá y Reino Unido; en la República Alemana y en las nuevas repúblicas Soviéticas, y en los nuevos Estados como Austria, Hungría y Checoslovaquia”, agregó Davis.

Estos hechos destacan a la Primera Guerra Mundial como el primer gran enfrentamiento entre varias naciones que afectó a todos los estratos sociales y políticos y fue el primer gran conflicto de impacto global en la historia.

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[1] Extractos de los artículos escritos por Guillermo Iturbide, Mauricio Basterra y teleSUR


Fuentes: