martes, 14 de febrero de 2017

A LA MEMORIA DE MARÍA RETAMERO FERNÁNDEZ, HUÉRFANA Y VÍCTIMA DEL GOLPISMO ESPAÑOL EN JEREZ Y EJEMPLO DE LA LUCHA POR LA DIGNIDAD


"... Es esta misma calle donde mi madre cerró sus ojos por última vez... y la ventanita de su habitación daba justo enfrente al nombre de la persona que llevó toda su larga vida en su corazón : su padre..."

A LA MEMORIA DE MARÍA RETAMERO FERNÁNDEZ, HUÉRFANA Y VÍCTIMA DEL GOLPISMO ESPAÑOL EN JEREZ Y EJEMPLO DE LA LUCHA POR LA DIGNIDAD

07 DE MAYO DE 1.923 - 17 DE ENERO DE 2.017



Sólo quienes han sufrido la pérdida de un ser querido conocen muy bien el dolor que ello supone y el vacío que les deja cuando sobreviene la muerte. Si quien fallece es nuestra madre, ese dolor se hace muy especial y se apodera en el huérfano una congoja profunda y una sensación de desprotección difícil de entender por quienes sólo pueden imaginarlo, ya sea porque no lo han vivido todavía, o bien, porque no ha existido el natural vínculo emocional que une a los padres o madres con sus hijos e hijas.

 

Gran parte de la vida de la señora María Retamero Fernández fue marcada por la muerte y el dolor; por ese vínculo emocional roto prematura y violentamente por quienes preferían extender un manto lúgubre y sangriento en esa piel de toro de la Iberia peninsular antes que permitir avanzar en el desarrollo y evolución del ser humano. De esta manera, y mientras que en muchos puntos de la geografía peninsular se preparaban para afrontar una larga guerra, la ciudad de Jerez de la Frontera ya había sido sacudida durante el verano caliente de 1936 por su particular baño de sangre golpista prebélico auspiciado por las “buenas” familias de la ciudad que, siendo minoría en número y en razón, no lo eran en cambio en poder económico y capacidad de destrucción. 

 

Entre las víctimas de quienes presumían ser de “buenas” familias se hallaban otras familias; las que al parecer no tenían derecho a la vida, ni a la educación, ni a la salud, ni a la libertad, ni tampoco al libre derecho de expresión, ni a vivir en paz, ni a tener el necesario amor… Porque no eran tiempos de amor para los pobres -ni para quienes intentaban hacer algo por cambiar su situación-, sino más bien era una época donde sólo se padecía el odio, el rencor y la venganza. 

 

Tres sentimientos -odio, rencor y venganza- que se dispararon desproporcionalmente con el amparo y la carta blanca que fabricaron los golpistas y su red de colaboradores para crear una “autoridad” nueva e ilegal, además de inmoral e indecente. El miedo, el horror, el dolor y el silencio se abrieron paso en una ciudad, en una campiña y en un término municipal castigados tradicionalmente por los diferentes episodios represivos contra sus clases más populares a través de sus diferentes etapas históricas. Esta vez, la envergadura represiva era diferente, tanto desde un punto de vista cuantitativo como cualitativo: las órdenes eran asesinar a una parte de la población y la consecuencia de ello, por tanto, un genocidio todavía no aceptado oficialmente por ningún gobierno español… 

 

Cuando asesinaron al padre de María Retamero Fernández, Francisco Retamero Rodríguez -edil socialista de la corporación municipal jerezana-, ella tenía sólo trece años; corta edad para quedarse sin padre, pero edad suficiente para retener en su memoria, hasta el final de sus días, el crimen llevado a cabo contra él. Toda su vida se vio salpicada por la pesadilla del asesinato de su padre y por el estigma social de quien es señalada con el dedo como hija de “rojo”. Este particular sambenito de los inquisidores de la “nueva” España era además el calvario personal de todo huérfano de la atrocidad golpista que hacía marginar y excluir socialmente a quienes no aceptaban el “orden natural” de las cosas; esto es, que el muerto en cuestión estaba bien muerto porque “se lo había buscado”, o porque “algo habría hecho” o, porque tal vez era un “sin dios”… Pura irracionalidad en la lógica golpista que servía para justificar los crímenes que se cometían con total impunidad y que llegó a calar irremediablemente en parte del imaginario social de nuestros pueblos y ciudades.

 

A pesar de toda esta aberración de la lógica y de la razón, manejada con impudicia por los genocidas a modo de justificación, María Retamero no se arredró. Supo seguir adelante y criar a sus seis hijos; no obstante, hubo un momento en que tuvo que exiliarse a Francia, acompañando toda la familia a su marido, José de la Rosa de los Ríos, que fue con el tiempo uno de los socios fundadores de esta Asociación para la Recuperación de la Justicia y la Memoria Histórica “Jerez Recuerda”, de cuyo fallecimiento también nos hicimos eco el pasado 10 de mayo de 2009. Pero ni anterior ni posterior al exilio francés se destacó María Retamero por su silencio ante tamaño crimen contra su padre. Siempre estuvo receptiva a conocer toda información relativa a la muerte y desaparición de su padre y nunca perdió oportunidad para guiar a los investigadores locales con quienes a veces creaba lazos personales de amistad como fue el caso de 'Jerez Recuerda', gracias también a la colaboración activa de Manuel de la Rosa, uno de sus amados hijos. 


Podemos destacar en María Retamero su gran humanidad y coraje; mujer valiente que también colaboró con esta Asociación, aportándonos información, apoyo y confianza -que fue siempre muy de agradecer por nuestra parte-, así como su sabiduría, dándonos un claro ejemplo de la capacidad de esta persona como luchadora honesta por la justicia histórica y como valiosa defensora de la recuperación de la memoria histórica y social de nuestros antepasados.


Miguel Ángel y María, hijo e hija de María Retamero, nos comunicaron durante este fin de semana pasado que al dolor del fallecimiento prematuro -ocurrido este verano pasado- de uno de sus hermanos, José Luis de la Rosa Retamero, conocido escritor y crítico musical local, se unió el 17 de enero una pena añadida al sufrimiento de la familia de la Rosa Retamero con el definitivo adiós de la matriarca, de la que no tuvieron más que palabras de elogios y agradecimientos, realzando su actitud vital y su dignidad como persona, como mujer, como madre y como hija. 


Según Miguel Ángel de la Rosa Retamero, “nuestra madre lo fue todo, una mujer entregada a su familia, con un gran sentido de la responsabilidad y que hizo siempre frente con gran dignidad a los avatares y penurias de la vida para sacarnos adelante. Tuvo que hacer frente a momentos muy dolorosos y que la marcaron profundamente durante toda su vida. La muerte de su padre fusilado por los franquistas le dejó una honda huella que le traumatizo de por vida. Mi madre, para mí, lo era todo. Un hijo puede ver la dimensión y la importancia de una madre, pero cuando la pierde, queda un vacío que es difícil de expresar…  Siempre estará en mi corazón”.


María de la Rosa Retamero nos comentó además que “mi madre no pudo taparse la boca, ni quedarse llorando en un rincón…”. También señaló que defendió la memoria de su padre “a capa y espada” a pesar del “terrible asesinato cometido” contra él; a veces, “a riesgo de su propia vida en aquella España de la post guerra que ‘educaba’ y ‘formateaba’ a su pueblo para olvidar y centrarse en la religión y el folklore… A aquellos niños de los años cuarenta y cincuenta, fruto de la España de 'charanga y pandereta' ". A su madre la definió como una persona "luchadora,  justa, leal, honesta y tremendamente reivindicativa", mientras que añadía:  "¿Es posible, acaso, cambiar el mundo con la cabeza agachada y la boca tapada?... Ella ha sido todo eso…”.



Qué curioso es el destino…


Refiriéndose su hija al lugar y circunstancias del óbito, continuó diciendo que  “curiosamente, es esta misma calle donde mi madre cerró sus ojos por última vez... Estaba en el Centro de Mayores ‘La Marquesa’ y la ventanita de su habitación daba justo enfrente al nombre de la persona que llevó toda su larga vida en su corazón : su padre…Qué curioso es el destino”

Efectivamente, frente a dicho centro se encuentra un acceso a una zona residencial cuyo nombre es Calle Concejal Francisco Retamero, concedido por el gobierno municipal en el año 2005, en reconocimiento a la memoria del padre de María Retamero. Ahora, sus cenizas esparcidas al aire han logrado fundirse finalmente en la misma tierra que acoge a los suyos. 

Nuestro más sentido pésame y todo nuestro apoyo a la familia de María Retamero. El dolor que produce su desaparición tal vez lo cure el tiempo, pero la impronta dejada entre quienes la conocimos siempre perdurará.

 S.T.T.L.

Sit Tibi Terra Levis

 

Asociación para la Recuperación de la Justicia y la Memoria Histórica "Jerez Recuerda"