viernes, 22 de mayo de 2009

EL PUEBLO DE GRAZALEMA RINDIÓ UN HOMENAJE A 15 MUJERES Y UN NIÑO ASESINADOS EN 1936



María José Lara Mateos, alcaldesa de Grazalema-Benamahoma, afirmó que “como responsables políticos locales, tanto mi equipo municipal de gobierno como yo misma, estamos obligados a cumplir las leyes, también la de la Memoria Histórica”.

Miembros de la Junta Directiva de la Asociación para la Recuperación de la Justicia y la Memoria Histórica “Jerez Recuerda” acudieron el pasado día 16 de mayo de 2009 a la Casa de la Cultura de Grazalema para asistir al acto institucional que el Ayuntamiento de Grazalema-Benamahoma organizó como preámbulo inmediato al traslado de los restos de 15 mujeres y un niño asesinados por los golpistas de julio de 1936 durante el verano de dicho año. De la misma manera, y con anterioridad a este acto institucional, se había oficiado un responso a las 10:00 horas de ese mismo día por parte del párroco de Grazalema, Antonio Jesús Rojas, en la Casa de la Cultura de esta localidad que se había transformado para la ocasión en capilla ardiente desde el día anterior.
La imagen de los cinco pequeños féretros de color marrón, que contenían los restos de las víctimas y que presidían la sala, sobrecogía sobremanera ante la solemnidad y el respeto que imperaron en un lugar repleto de no menos de cien personas, muchas de las cuales se vieron obligadas a estar de pie ante la falta de asientos, y de espacio para los mismos. Mientras se desarrollaba el acto, las mentes de algunos de nosotros se trasladaban al verano de 1936, cuando estas mujeres de entre 14 y 61 años -tres de ellas embarazadas- fueron rapadas y posteriormente torturadas hasta la muerte, junto con un niño de 11 años, por las manos de los falangistas que eran capitaneados por el cabo Vadillo y Fernando Zamacola. Esta es, al menos, la versión que da Joaquín Ramón Gómez Calvillo, alcalde de la entidad menor de Benamahoma, concejal delegado de la Memoria Histórica en el Ayuntamiento de Grazalema-Benamahoma y Vicepresidente de la Asociación Provincial de Memoria Histórica y Justicia de Andalucía, quien ha estudiado e investigado especialmente este múltiple crimen junto con otros compañeros.
Han pasado, pues, cerca de 73 años desde que los falangistas detuvieron en el kilómetro 57 de la carretera de Ronda el camión que transportaba su aterrorizada carga, exterminándola sin piedad con una crueldad propia de los que asumen orgullosa y voluntariamente su particular papel de carniceros. Se cuenta que estas mujeres fueron violadas y que al crío de 11 años se le obligó a cavar con sus propias manos lo que inmediatamente después sería su tumba y comedero improvisado de alimañas carroñeras. La palabra “genocidio”, aunque nadie la pronunciara, volvía a retumbar en nuestras mentes mientras intuíamos los horrores que padecieron estos seres humanos quienes, según todos los indicios, y las investigaciones realizadas, no se destacaron políticamente. Es más, durante el breve discurso de María Dolores Naval, Delegada Diputada Provincial de Ciudadanía, de la Diputación Provincial de Cádiz, ella misma enfatizó que “en el caso de estas mujeres, no existió ningún motivo ideológico, no eran activistas políticas, ni pertenecían a ningún partido político. Alguna que otra pudo ser novia, pudo ser hija, o bien esposa, de algún republicano o de algún anarquista, pero no existe ninguna razón para que aquellos asesinos les arrancaran la vida, y menos del modo en que lo hicieron...”.
Antes de comenzar el acto institucional, observamos la delicadeza con la que se había preparado todo para homenajear a estas quince mujeres y a este niño asesinados por la intolerancia y el militarismo. Los pequeños féretros depositados en la mesa central, y sobre los que se esparcían rosas rojas y blancas sueltas, estaban flanqueados por banderas rendidas en honor a las víctimas y atadas con crespones negros en señal de luto. A sus pies se hallaban numerosos ramos de flores de diversos tipos y colores que contrastaban gratamente con la oscuridad que emanaba del luto y que acompañaba a la luz de los candelabros y las velas confeccionadas artesanalmente mediante vasos con agua y aceite que posaban, junto a sendos jarrones de vidrio con ramos de rosas bañados en agua, encima de un par de mesas menores sobre las que estaban fijados los nombres de las víctimas escritos en cartulina de color marfil. A la izquierda de todo este escenario sobresalía el atril de pie desde donde se realizaron los oportunos discursos y que era presidido por el lado izquierdo por una cruz de madera, amarrada con cinta adhesiva a un mástil cilíndrico con punta metálica, y adornada con un pequeño icono del Crucificado pintado justamente en su centro.
Una buena parte del público estaba formado por familiares directos de las víctimas que habían venido de Málaga, de Ronda, de Sevilla, de Ubrique, de Canarias y de Murcia. Otra parte importante la sumaban los numerosos vecinos de la zona que se mezclaban con el grupo específico de políticos y con los diversos representantes de asociaciones de la recuperación de la memoria histórica, así como con el equipo multidisciplinar que se encargó de realizar la exhumación de los restos humanos en la llamada Fosa de las Mujeres.
Todos los presentes contemplamos la inauguración del acto por parte de la alcaldesa María José Lara Mateos quien recordó que el Ayuntamiento de Grazalema-Benamahoma ya había culminado en el verano de 2005 un proyecto de recuperación de memoria histórica en la localidad de Benamahoma, donde “se llevaría a cabo el primer enterramiento del municipio”. Se refería precisamente a los restos de las 17 personas asesinadas que fueron halladas en el cementerio de El Bosque y trasladados a Benamahoma, para la organización de su posterior funeral el 30 de julio de 2005, en el que miembros de nuestra Asociación también estuvieron presentes. Continuó María José Lara con los agradecimientos de rigor a las autoridades y personas representantes de la Junta de Andalucía y de la Diputación Provincial de Cádiz por “el respaldo a un proyecto que se planteó con la intención de llevar a cabo la elaboración de un mapa de fosas del municipio, la construcción de un Parque de la Memoria Histórica de Benamahoma, la colocación de símbolos que señalen los lugares en los que acontecieron hechos relevantes para la historia local, la publicación de algunas de las investigaciones llevadas a cabo o la exhumación y posterior enterramiento de las mujeres ‘fusiladas’ (sic) y enterradas en un hoyo, en medio del campo, cerca de la carretera que va desde Grazalema hasta Ronda en el verano de 1936...”.
Aunque la alcaldesa de Grazalema-Benamahoma afirmó que se había garantizado la “no politización del proyecto por parte del Partido Socialista y del gobierno municipal”, no dejó de señalar que, dentro del capítulo de los agradecimientos que llevaba su discurso, existían personas “muy importantes que han sido determinantes para poder llevar a cabo la exhumación de la Fosa de las Mujeres de Grazalema”, terminando por nombrar a Carlos Perales, a Antonio Mateo y a Joaquín Gómez Calvillo.
Tampoco faltaron las palabras laudatorias para el equipo multidisciplinar, dirigido por Jesús López Jiménez, encargado de la exhumación de la Fosa de las Mujeres. Este equipo, compuesto por los arqueólogos Jesús López Jiménez y Jesús Román Román, la antropóloga física Sonia Gallardo Cano y la jurista criminóloga Isabel Parra Moreno, realizó “un excelente trabajo, del que yo resaltaría muchos aspectos positivos, pero principalmente el respeto y la profesionalidad con el que habéis llevado a cabo todo el proceso, facilitando con mucha delicadeza la información ante el evidente interés que ha despertado este tema en los medios de comunicación...”.
Del mismo modo, María José Lara Mateos resaltó la figura del escultor Andrés Montesanto La Valle quien ha dado “forma humana a unas mujeres que desaparecieron hace 73 años. Unas formas humanas conseguida a través del arte, y a través de las manos de un hombre solidario con los colectivos de la Memoria Histórica. El monumento, el recuerdo de las mujeres de Grazalema, ocupa ya un lugar privilegiado en el camposanto, y el mismo permitirá que muchas personas, y sus familiares, puedan visitar...”.
Las penúltimas palabras de la alcaldesa de Grazalema-Benamahoma estuvieron dedicadas a los familiares de las víctimas a quienes dijo: “El dolor de vuestros testimonios nos llena el corazón al escucharles, aunque hayan transcurrido 73 años. El recuerdo está ahí, siempre lo estará. Pero estoy convencida de que a partir de hoy será un poco más fácil convivir con el dolor. Hay quien piensa que vuestro dolor es rencor y no sabe que es todo lo contrario... Con vuestra presencia, con vuestros testimonios, estáis dando lecciones de humanidad. Vuestras voces quedarán para siempre en la Memoria Histórica... Sin vosotros, este acto, queridos amigos y amigas, que estamos celebrando, no tendría sentido. Por ello, en nombre del pueblo de Grazalema-Benamahoma, y de todos los aquí presentes, nuestro más sincero agradecimiento por el gran esfuerzo que debe suponer volver al lugar en el que os separaron de vuestros seres queridos. A pesar de vuestro dolor y de vuestra pena; a pesar del eterno interrogante ‘por qué, por qué, por qué...’, en el día de hoy tenéis que saber que sois personas afortunadas, porque os habéis vuelto a encontrar con ellas en el mismo lugar en el que os separaron... Entre todos hemos conseguido reducir la lista de los desaparecidos de todo el territorio español. Desde hoy serán quince mujeres menos y un niño menos los que habrá que buscar... y a partir de hoy descansarán en camposanto donde tendréis ocasión de visitarles, recordarles, y sus nombres sí aparecerán ahora en la Historia.”.
Tras estas palabras, terminó la intervención de la edil con la lectura de un fragmento de la última carta que una muchacha de 19 años, una de las apodadas 13 Rosas de Madrid, llamada Julita –Julia Conesa- escribió a su familia antes de morir el 5 de agosto de 1939:
“Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermana y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada. Adiós, madre querida, adiós para siempre. Tu hija, que ya jamás te podrá besar ni abrazar. Que no me lloren, que mi nombre no se borre en la historia...”.
Estas palabras, mencionadas en aquél salón de la Casa de la Cultura de Grazalema que se había quedado pequeño, no habían hecho más que aumentar aún mas la carga de emoción contenida que desprendía aquel lugar y hacían que cualquier intervención -que no fueron pocas- fuera acompañada por los oportunos aplausos que crecían en intensidad a la par que afloraban las emociones. De esta manera, María Dolores Naval, aparte de lo ya mencionado con anterioridad sobre su intervención, subrayó que “la Delegación de Ciudadanía de la Diputación Provincial de Cádiz, a la que represento hoy aquí, hemos sido conscientes desde el principio de que no podemos dejar las cosas tal y como han sido hasta ahora. No hemos podido permanecer impasibles ante las demandas sociales que han levantado la voz para pedir lo que es justo...Tenemos la obligación de recuperar la memoria de aquellas personas que han dado su vida por defender aquello en lo que creían; de aquellas personas inocentes que sin ningún motivo ideológico murieron a consecuencia de la barbarie y el horror... Recuperando la memoria de estas mujeres, recuperamos una parte de la memoria de los que estamos aquí... No podemos dejar en el olvido todos los sufrimientos que soportaron aquellas personas que lucharon por las libertades y derechos... No podemos olvidar, y no podemos hacerlo porque antes tenemos que reconciliarnos con nuestro pasado para vivir de cara al futuro. Olvidar sería convivir con la vergüenza de no haber podido cerrar las heridas que han permanecido abiertas a lo largo de estos 73 años de amnesia y de olvido...”.
Visiblemente emocionado, Joaquín Ramón Gómez Calvillo sólo tenía palabras de agradecimientos y comenzó su intervención rememorando su infancia, cuando personajes del pueblo como Josefa “La Gonzala”, María “La Chispa” o Francisco “El Santo”, le confiaron los secretos más oscuros y tenebrosos de la historia contemporánea de Grazalema, haciéndole interesarse desde entonces por esa parte de la historia que sólo se conocía oralmente debido a los testigos y familiares de víctimas. Una parte de la historia que se intentó ocultar oficialmente como en todos los lugares de España y que fue descubriéndose gracias a la valentía de personas como Josefa “La Gonzala” quien para Joaquín Ramón Gómez fue “un símbolo”, pues los fascistas se cebaron con crueldad con ella y con toda su familia. Le asesinaron cuatro hijos, su esposo y el marido de su hija mayor, además de haber sido violadas sus hermanas y sufrir ella misma cautiverio.
Hizo un especial agradecimiento que para muchos de los presentes no pasó desapercibido: “Gracias a la tierra. A la tierra que ha sido capaz de preservar y ganarle la batalla a los asesinos, porque les ha ganado la batalla de la legitimidad...Esa tierra nos ha devuelto hoy a quince mujeres y un niño. Ellos hoy vuelven con el pleno derecho que nunca pudieron quitarle. Vuelven de esas fosas del olvido y vuelven con los honores de cualquiera con pleno derecho de nuestra sociedad. Ellas eran mujeres de familias de jornaleros, cabreros, etc... En definitiva, de las clases bajas, sin ningún vínculo ideológico. Fueron asesinadas por la mente perversa de un régimen que atacó a la figura femenina, en sus diferentes vertientes (mujer, esposa, hija, madre...) y atacó a la infancia como símbolo de cambio... Ese niño tuvo que cavar su propia fosa y ser sacrificado...”.
No faltaron tampoco en su discurso la crítica y un toque de atención a las instituciones y a quienes gestionan la política por “los silencios y esperas demasiado largos”, enfatizando sus agradecimientos hacia los familiares de las víctimas “por los momentos en la intimidad, por los llantos y las alegrías, por los secretos compartidos...”. Terminó su intervención con unas palabras de Josefa “La Gonzala” quien en su día, según Joaquín Ramón Gómez Calvillo, dejó escritas estas palabras: “Maldita sea la guerra. Malditos sean los hombres que implantaron la guerra... Ojalá me hubiesen matado. Ojalá hubiesen borrado mi nombre de la historia, porque me dejaron muerta en vida. Maldita guerra. Ojalá que nunca se vuelva a repetir”.
Por otro lado, y dentro de la programación de este acto institucional, el Ayuntamiento de Grazalema-Benamahoma había organizado la entrega de unos diplomas en reconocimiento de la labor de los galardonados en la recuperación de la memoria histórica. Asimismo, se entregó al Hermano Mayor de la Virgen del Carmen unas medallas de la Virgen del Carmen y de la Iglesia de Santa Isabel que durante el proceso de exhumación se había encontrado el equipo multidisciplinar junto con los restos de las víctimas.
Aunque los protagonistas de este apartado especial eran siete (Antonio Mateo Salguero, Carlos Perales Pizarro, Jesús López Jiménez, Jesús Román Román, Isabel Parra Moreno, Sonia Gallardo Cano -ausente en ese momento- y Andrés Montesanto La Valle) sólo dos se dirigieron al público y tomaron la palabra. Por un lado, Carlos Perales hizo unas breves reflexiones centrándose en dos aspectos importantes desde el punto de vista historiográfico que avalaban ciertas tesis que mantenemos muchos investigadores de la Memoria Histórica en cuanto a la negación de algunos conceptos que se han utilizado desde ciertos círculos relacionados con la historia oficial: “...Hemos desbancado del discurso político que esto era una guerra y que había dos bandos. Sólo fue una represión y está avalado por el último auto del juez Garzón...”. Concluyó Carlos Perales subrayando que “no abrimos viejas heridas, sino que hemos cerrado estas heridas...”.
Por otro lado, intervino el médico bonaerense afincado en Málaga Andrés Montesanto La Valle, quien también es escultor, explicando brevemente el significado de su obra cincelada sobre hormigón blanco: “Imaginé que estas mujeres venían de viaje y que lo habían pasado muy bien, y antes de despedirse posaron para una foto. Están en una actitud relajada y feliz, como si comentaran las anécdotas del viaje. El niño, aburrido, por estar rodeado durante tanto tiempo entre mujeres, y esperando a encontrarse con su pandilla... Es una reflexión para que estos hechos no se repitan nunca”.
Por último, y antes del traslado de los restos de las víctimas al cementerio municipal, intervinieron algunos familiares entre los que destacó Mateo, bisnieto de una de las asesinadas, quien había sido elegido portavoz, o “representante transitorio de las familias”, y cuya participación en el acto fue muy emotiva y cargada de sentimientos que afloraron gradualmente. Terminó con la lectura de una carta que él mismo había redactado para la ocasión a su difunta bisabuela a quien le contaba cariñosamente los pormenores de las actividades organizadas en Grazalema.
Los nombres de estas 15 mujeres y este niño, cuyos restos se encontraban en ese momento en los cinco pequeños ataúdes son:
- Salud Alberto Barea
- Catalina Alcaraz Godoy
- Isabel Atienza Gómez
- Jerónima Barea Rincón
- María Josefa Barea Rincón
- Teresa Castro Ramírez
- Ana Fernández Ramírez
- Cristina Franco Domínguez
- Josefa de Jesús Gómez Pérez
- Lolita Gómez
- María Josefa Nogales Castro
- Teresa Menacho
- Antonia Pérez Vega
- María Isabel Román Montes
- Natividad Vílchez
-
Y el niño apodado “Bizarrito”
El cortejo fúnebre, que presidía el coche funerario a una velocidad que permitía seguirlo a pie, estaba compuesto de un número muy superior al centenar de personas que portaban en sus manos claveles de color rojo que servirían para la ofrenda floral que posteriormente se hizo a los pies del monumento que alberga el mausoleo donde los descendientes de las víctimas depositaron las cinco cajas. Aquella obra escultórica tenía esculpidos en su base dieciséis corazones -correspondiéndole a cada uno la inscripción de un nombre diferente del grupo de víctimas- y era presentada por una placa inclinada, compuesta por cuatro piezas planas y con un relieve representando una rosa blanca, que se adelantaba al monumento con la siguiente leyenda:
"Por defender la paz y la libertad fueron asesinadas en Agosto 1936.
'Aquel año 36 triste recuerdo quedó, fusilaron hombres y mujeres
sin justicia y sin razón'
Ctra. Ronda 1936-Grazalema 2009
'...que mi nombre nunca se borre de la historia...'
Dulce Chacón
Ayto. de Grazalema"
Durante el proceso de inhumación de estos restos, se escucharon palabras de los familiares y breves discursos de las autoridades. Para algunos, con este acto “se cerraba una profunda herida que se abrió un trágico verano de 1936”. Para nosotros, en cambio, se nos quedó una sensación agridulce y ambivalente, pues aunque se dignificó y se recuperó el nombre de estos seres humanos, sus asesinos actuaron con una impunidad respaldada hasta ahora por la inacción de la justicia y las leyes españolas que avergüenza a cuantos creemos en la Justicia con mayúsculas.
Concluimos, en cambio, con un balance muy positivo de la participación ciudadana y de la actuación de los familiares. Gracias a ellos, las mentiras, los bulos, los mitos y los falsos argumentos que siempre han esgrimido los paladines de la historiografía oficial franquista y la postfranquista, se están desmoronando a medida que se dan a conocer los resultados de las investigaciones. Por otro lado, tenemos la convicción de que este caso grazalemeño de la exhumación de las Fosas de las Mujeres pueda señalar en un futuro próximo, y de forma más diáfana, el camino que nos lleve a un entendimiento pleno del carácter represivo y genocida de los golpistas de 1936, sin la instrumentalización ideológica de las víctimas, pues poco avanzaríamos con esta simplificación y flaco favor se haría en el terreno de la defensa y preservación de los derechos humanos.